San Rafael tiene cada vez más escenas que parecen sacadas de TikTok… pero son bien reales. Una de las protagonistas de esas postales es Ariadna Ortiz, profe de Educación Física, coreógrafa e instructora de zumba, que convirtió las calles y espacios públicos del departamento en su escenario favorito.
Junto a su grupo, Ariadna viene realizando distintos trends e intervenciones urbanas en varios puntos de la ciudad. La última parada fue nada menos que frente a la ex terminal de ómnibus, donde sorprendieron a quienes pasaban por el lugar con una coreo llena de energía, sonrisas y mucha actitud.

“Salimos a llevar buena energía al centro de San Rafael”, cuenta Ariadna, cuyo carisma ya conquistó a cientos de seguidores en redes sociales.
La dinámica es simple pero efectiva: el grupo llega, instala la música, arranca la coreografía y, de repente, lo que era una esquina más se transforma en un mini show a cielo abierto. Los peatones frenan, algunos se quedan mirando, otros sacan el celu para grabar y alguno se anima a sumarse.

Después, todo ese material se sube a las redes sociales, donde Ariadna comparte no solo las coreos, sino también las reacciones espontáneas de la gente. Así, cada video se convierte en una invitación a disfrutar de la ciudad de otra manera, con más movimiento, más alegría y menos vergüenza.
YA TIENEN «ANTECEDENTES»
No es la primera vez que este equipo “toma” el espacio público con su propuesta. Ya hicieron intervenciones de Halloween, se animaron al Parque de los Jóvenes, a la puerta de un supermercado y hasta en plena calle, siempre con el mismo objetivo: contagiar buenas vibras y demostrar que el baile puede transformar cualquier rincón de San Rafael.

Quienes quieran seguir sus locuras coreográficas y sumarse a sus próximos desafíos pueden encontrarla en Instagram como @ariadnaortiz17, donde va subiendo los trends, las historias detrás de cada salida y, por supuesto, las risas compartidas con la comunidad.
En tiempos donde todo parece correr rápido, Ariadna y su grupo proponen otra cosa: frenar un segundo, dejarse llevar por la música y recordar que el espacio público también es un lugar para jugar, bailar y encontrarse.







