Apenas cuatro años pasaron desde que San Rafael incorporó, en pleno centro de la ciudad, un nuevo espacio destinado especialmente al juego y la recreación de los más pequeños. Sin embargo, hoy la denominada Plaza Arcor muestra las consecuencias de reiterados hechos de vandalismo que fueron deteriorando buena parte de sus instalaciones.
El espacio se encuentra sobre Aristóbulo del Valle, entre Zapata y Luzuriaga, frente a la vieja estación del ferrocarril y a unos 500 metros del Kilómetro Cero. Fue inaugurado en septiembre de 2022 como resultado de un trabajo conjunto entre el Municipio de San Rafael y Fundación Arcor.

La iniciativa permitió crear en ese sector una denominada “plaza blanda”, diseñada especialmente para la primera infancia. Fundación Arcor aportó juegos y pisos de goma, mientras que desde la comuna se ejecutaron las losas, veredas, iluminación y distintas tareas de acondicionamiento necesarias para integrar el predio al espacio verde de la zona.
Cuatro años después, una recorrida por el lugar permite advertir una realidad muy diferente a la de aquellos primeros tiempos.
Las imágenes tomadas en el predio son elocuentes. Hay cartelería didáctica rayada y deteriorada, estructuras y mobiliario intervenidos con grafitis, gabinetes con sus tapas rotas y juegos con piezas dañadas o directamente faltantes.
Uno de los ejemplos más visibles es la estructura destinada a las hamacas. El armazón metálico permanece en pie, pero los columpios ya no están. Apenas quedaron cadenas y enganches colgando de la estructura.

También se advierten daños sobre elementos destinados a los propios chicos. Uno de los carteles didácticos para medir la altura presenta roturas, partes desprendidas y escrituras realizadas sobre su superficie, mientras que otros soportes del predio también fueron utilizados para hacer pintadas.
A esto se suma un gabinete ubicado junto al sector de juegos cuya puerta inferior aparece prácticamente destruida, dejando expuesto su interior. El deterioro observado permite advertir que no todo puede explicarse simplemente por el uso cotidiano o por el paso de los años.
El contraste resulta aún más significativo porque se trata de un espacio relativamente nuevo y cuya finalidad fue muy concreta: ofrecer un lugar de recreación y encuentro para niños y familias.
La problemática, además, ocurre prácticamente en el corazón de San Rafael. No se trata de una plaza alejada o ubicada en algún sector periférico de la ciudad, sino de un predio integrado a uno de los sectores de mayor circulación de vecinos, en inmediaciones de la antigua estación ferroviaria.
El estado actual de la Plaza Arcor vuelve a poner sobre la mesa una discusión que excede a este espacio en particular: el vandalismo sobre los bienes públicos termina perjudicando a toda la comunidad.

Cada juego destruido, cada elemento arrancado y cada instalación que debe ser reparada obliga a destinar recursos para recuperar aquello que ya había sido incorporado al patrimonio de uso común. Pero, fundamentalmente, significa privar a otros vecinos —en este caso, principalmente niños— de instalaciones que fueron colocadas justamente para su disfrute.
La Plaza Arcor nació en 2022 como un espacio especialmente pensado para la primera infancia. Cuatro años después, una parte del desafío parece pasar por algo mucho más elemental: conseguir que aquello que pertenece a todos pueda seguir siendo disfrutado por todos.


