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Historia de dolor por la pérdida de una hija: Julieta Gil presentó su libro “En Tortuga y Patineta” en el Schestakow

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Durante el martes, el auditorio del Hospital Teodoro J. Schestakow de San Rafael fue el escenario para la presentación del libro “En Tortuga y Patineta”, escrito por Julieta Gil, oriunda de General Alvear, quien compartió su historia de vida con Diario San Rafael y FM Vos 94.5. Se trata de un relato autobiográfico profundamente conmovedor, en el que la autora cuenta su experiencia de supervivencia tras un incendio en el que perdió a su hija de 4 años y sufrió graves quemaduras.
Julieta explicó que detrás de un título que podría parecer infantil, se esconde un relato doloroso: “El 27 de junio del 2022 se me encendió mi casa y a raíz de eso mi hija fallece, porque fue cuestión de segundos que se prende todo, y mi casa era una casa de material, una casa bien hecha, pero el humo no nos dejó salir, hubo una explosión”.
Gil recordó que aquel día quedó inconsciente mientras su hija, Milagros Victoria Josefina, de tan solo cuatro años recién cumplidos, dormía en su habitación. “Yo quedo desmayada y mi hija estaba durmiendo en su dormitorio y, bueno, muere por asfixia”, relató entre lágrimas. Agregó que a ella un vecino logró rescatarla.
“A mí mi vecino alcanza a rescatarme, pero ya con el 50% de cuerpo quemado. Ahí terminé en coma, en el hospital Schestakow, 10 días”, detalló, y agregó que primero fue trasladada al hospital de General Alvear, de donde es oriunda. “Uno de los médicos de acá me dijo, ‘no, mándenla a San Rafael, ojalá no muera en el camino’”.
Contra todo pronóstico, Julieta llegó viva al Hospital Schestakow: “Llegué viva al hospital. Allá lo catalogaron como intento de suicidio, porque había pedido una inyección para que me mataran. Después de que me desperté, 10 días después de coma, bueno, me aferró un montón a vivir y, bueno, si no me morí fue por algo”.


Gil permaneció dos meses internada en San Rafael, tiempo en el que se salvó gracias al trabajo de los médicos y enfermeros del hospital. Luego, comenzó un proceso de recuperación que se extendió por nueve meses, en los que permaneció en cama, con heridas que no cicatrizaban. “Tuve nueve meses en recuperación postrada, literalmente postrada en una cama, sangrando, porque las heridas tardaron nueve meses en dejar de sangrar. Ahora son cicatrices grandes, muy grandes y muy incómodas”, explicó.
Durante esa etapa de recuperación nació la necesidad de contar su experiencia. “Ahora estamos presentando el libro, porque salió la idea, yo, todo el mundo te pregunta qué pasó en el coma, si ves algo, si no, entonces yo quería expresar que sí, que yo en el coma era como si tuviera una vida paralela”.
Sin poder usar sus manos con normalidad, Julieta comenzó a escribir como podía: “Como podía, con los dedos, las yemas de los dedos, porque yo las uñas las tenía muy largas, tenía miedo de cortármelas. Empecé a escribir en notas del celular y después pasé a una computadora, y ahí se hizo.”

Sobre el momento en que se enteró de la pérdida de su hija, recordó: “Yo me despierto al décimo día, a mí me internaron un 27, yo el 7 de julio me despierto, pero el 12 me da la noticia de la muerte de mi hija”.
En relación con el contenido del libro, Julieta explicó que además de narrar los hechos, quiso dejar un mensaje para quienes atraviesan situaciones límite: “Yo eso es lo que viví unos 10 días de coma, lo escribí para que la gente no me esté preguntando, para que la gente conozca y entienda que la gente en coma escucha. Así como que no es en vano hablarle a una persona en coma”.
“Así que el libro es un libro muy sano, muy lindo y es para la gente que necesita volver a encontrar el sentido de la vida, para esa gente que tiene internada a otras personas en el hospital y necesitan un poco de esperanza, más allá de que se vayan o se queden, es un libro esperanzador”, agregó Gil, quien trabajó en el proyecto junto a una editorial cristiana de Buenos Aires. “Costó mucho porque es una editorial cristiana, así que más que nada, no me obligaron, sino me guiaron para que yo pudiera sanar un montón de cosas, perdonar”.
Julieta considera que en el nosocomio un libro así es importante, ya que allí “hay muchas personas con hambre de esperanza, de fortaleza, de energía”. “Todos los que tenemos un familiar en el hospital pasamos por dolor, por tristeza, pero de eso se puede sacar luz y es lo que yo hice. Desde tanta oscuridad saqué luz, convertí la oscuridad en luz, y es un libro que va a ayudar a la gente a recapacitar, a perdonar, porque habla sobre el perdón, sobre la paternidad, sobre la resiliencia, sobre la sobrevivencia, y sobre todo sobre la humanidad, que fue lo que a mí este hospital me brindó: una terapia humanizada, cosa que en otros lugares no pasó”, aseguró esta mujer que estuvo más de diez días en coma y que, al despertarse, se enteró de la muerte de la niña. “Trato de plasmar en el libro lo que ella significó para mí, y cada capítulo está dedicado a una persona que ella amaba mucho, y hay un capítulo dedicado al hospital. De este hospital recibí todo”, subrayó.

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