La sucesión de amenazas, mensajes intimidantes y advertencias de presuntos “tiroteos” en el interior de escuelas, este viernes, generó una irrefrenable paranoia que abundó no solo en familias sino en la comunidad educativa en general.
Durante largas horas, grupos de Whatsapp de papás y mamás, de alumnos y de docentes, replicaban constantes mensajes anónimos, vinculados a episodios de violencia previstos para hoy, amenazas entre diferentes grupos de estudiantes y hasta fotos de armas a utilizar en los establecimientos educativos. Esto tristísimo combo sembró el pánico, a lo largo y ancho de Mendoza.
En San Rafael, pese a las garantías de normalidad que ofreció la Dirección General de Escuelas, el miedo que se esparció a través de diferentes plataformas virtuales, surtió efecto: hoy las aulas, especialmente en escuelas secundarias, lucen vacías. Si ese fue el objetivo de quienes estuvieron detrás de la mencionada “movida”, sin dudas lo lograron.
En ese contexto, como indica el título de este artículo, vale preguntarse qué ocurrirá el lunes, el martes y así sucesivamente, ya que las clases deben continuar. Sin embargo, a veces hay que parar la pelota. Por eso es indispensable que se ejecuten acciones conjuntas que involucren a todos los actores del ciclo educativo en Mendoza: gobernantes, docentes, alumnos y familias, que permitan identificar quién o quiénes están detrás de maniobras intimidatorias y por qué lo hacen. Asimismo, es importante consensuar medidas efectivas, que no sea la prohibición del uso de mochilas ante eventuales armas u elementos de agresión que puedan transportar en dicho elemento, sino generar políticas de prevención para que el ámbito escolar sea un espacio de educación, formación y desarrollo.
Hoy perdió la educación de Mendoza, ya que resulta inadmisible que el lugar donde niños, niñas y adolescentes se preparan para su formación profesional, tengan un policía en sus puertas y sus aulas estén vacías. Perdió porque claramente siguen fallando (o faltando) políticas de contención, que no solo abracen a quienes padecen acoso o bullying, sino también atiendan a quienes agreden, amenazan o deciden, desde un celular, intimidar y causar pánico en toda una comunidad.
Entonces, ¿qué hacemos el lunes?







