Las imágenes de los incendios desatados en el Parque Nacional Los Alerces y en Chile muestran la cara más dramática de un fenómeno que no es ajeno a los sanrafaelinos. En el primero de los casos, el fuego ya arrasó con más de 3.000 hectáreas de bosque y continúa activo en la mayoría de los frentes. La situación no mejoró en las últimas horas e incluso se complicaría por el calor y el viento reinantes en la zona. En tanto, en Chile, la situación es dramática: en la región de Valparaíso en Chile se declaró el estado de emergencia por un incendio forestal de gran magnitud que dejó un saldo de al menos 112 muertos y más de 3000 viviendas completamente destruidas. Los incendios forestales han exacerbado la crisis climática al destruir ecosistemas ricos en carbono como las turberas y los bosques, lo que hace que el paisaje sea más inflamable. En nuestra zona, en tanto, la falta de precipitaciones es trascendental para crear un escenario propicio para la extensión de los estragos. Como se ve, el cambio climático aumenta las condiciones en las que se inician los incendios forestales, incluidas más sequías, temperaturas del aire más altas y vientos fuertes. Pero, además, muchos de esos fuegos son iniciados intencionalmente para ganar terrenos que posteriormente serán utilizados para siembra de productos como la soja o por simples acciones imprudentes como cazadores iniciando los focos para ejercer su actividad. En los últimos años, nuestra zona se ha visto altamente impactada y perjudicada por la quema de campos, originando pérdidas materiales millonarias y la consiguiente angustia para los afectados. Las medidas para intentar evitar que la situación se repita sigue la lógica de lo que ocurre en el resto del mundo: los recursos destinados a la prevención de estos estragos son ínfimos y, además, las acciones humanas colaboran muy poco.




