La expectativa por el anuncio que el INDEC realizará hoy respecto al índice de inflación no es, esta vez, una simple rutina estadística. Se trata del primer número oficial tras el impacto del «Lavagnagate». La renuncia del jefe de organismo ha vuelto a poner bajo la lupa la transparencia en la medición de los precios y la credibilidad de las instituciones encargadas de reflejar la realidad económica del país. Sin embargo, más allá de la cifra que finalmente arroje el organismo nacional, existe un divorcio cada vez más profundo entre el dibujo de las planillas oficiales y el asfixiante día a día de los ciudadanos.
Para el sanrafaelino medio, el IPC es apenas un dato abstracto cuando se lo contrasta con la realidad de las facturas que llegan al domicilio. En estos primeros meses del año, hemos asistido a una escalada sistemática en el costo de los servicios públicos y en la presión de los impuestos provinciales. Mientras desde los despachos se habla de equilibrio y de números controlados, la realidad es que el aumento en las tarifas de energía eléctrica y agua, sumado al fuerte aumento en el transporte público y en el reavalúo del Impuesto Automotor e Inmobiliario, ha configurado un combo que devora cualquier intento de previsibilidad familiar.
Hay una brecha técnica, pero sobre todo ética, entre un índice que se celebra en las redes sociales y el costo real de vida en el sur mendocino. Y cuando el Estado, en sus distintos niveles, ajusta sus tasas y servicios por encima de las paritarias o de la capacidad de pago del sector privado, está ejerciendo una presión que asfixia el consumo y castiga al que produce.
Si los números que conozcamos hoy intentan mostrar un país que se encamina a la estabilidad, deberá primero explicar por qué esa bonanza estadística no llega a las góndolas ni a nuestros bolsillos. La credibilidad de los organismos estadísticos está en juego, pero la paz social depende de que los gobernantes entiendan que los números no mienten, pero a veces se usan para ocultar una verdad que el bolsillo ya conoce de memoria.




