Mientras el gobierno consolida el superávit fiscal, los últimos datos del INDEC y de consultoras privadas revelan una paradoja: la inflación mensual baja, pero el poder adquisitivo real sigue estancado. ¿Cómo funciona el mecanismo que equilibra las cuentas públicas a costa del bolsillo privado?
Al cierre de noviembre de 2025, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación del 2,5%, consolidando una tendencia de desaceleración respecto a los picos de años anteriores. Con una inflación acumulada anual que ronda el 27,9%, el equipo económico celebra lo que denomina la «victoria sobre la inercia».
Sin embargo, para el ciudadano de a pie, la sensación es distinta. Aquí es donde aparece la «inflación invisible»: el impacto de la suba acumulada de precios sobre salarios que, aunque tienen aumentos nominales, no logran recuperar el terreno perdido en el último bienio.
¿Qué es el «Efecto Licuadora»?
En economía, la «licuadora» es un proceso de ajuste por erosión. El Estado logra reducir su gasto real manteniendo partidas presupuestarias (como sueldos públicos o jubilaciones) fijas o con aumentos por debajo de la inflación acumulada.
Datos del ajuste fiscal 2025:
- Superávit Financiero: El Gobierno mantiene una meta de superávit primario de 1,6% del PBI.
- Gasto Público: Se estima una caída real interanual del gasto de casi el 26%, impulsada principalmente por la falta de actualización de partidas sensibles frente a la inflación remanente.
El mapa de los salarios: Los números de la brecha
El Índice de Salarios del INDEC muestra una realidad fragmentada. Según los últimos informes técnicos, existe una marcada diferencia entre quiénes están logrando «empatar» a los precios y quiénes están financiando el ajuste:
- Sector Público: Es el sector más afectado por la «licuadora». Los salarios estatales se encuentran, en promedio, un 19% por debajo del nivel de diciembre de 2023 en términos reales.
- Sector Privado Registrado: Aunque han tenido paritarias más dinámicas, el estancamiento es la regla. Se calcula que el trabajador promedio ha perdido poder de compra equivalente a $1,7 millones en el acumulado de la actual gestión.
- Jubilaciones: A pesar de los bonos compensatorios, el poder de compra de los haberes mínimos se mantiene un 23% por debajo de los niveles de 2023, siendo este el principal motor del ahorro fiscal del Estado.
La trampa de la nominalidad
El problema de la «inflación invisible» radica en la ilusión monetaria. Ver un aumento del 10% en el recibo de sueldo genera una sensación de alivio, pero si en ese mismo período los servicios básicos y alimentos subieron un 12%, la pérdida real se oculta tras números que crecen.
«El superávit fiscal es hoy un pilar de estabilidad macroeconómica, pero su sostenibilidad social depende de que el consumo deje de caer», advierten analistas del IIEP-UBA.
El desafío de la sostenibilidad
El modelo de 2025 enfrenta ahora una encrucijada. Con el gasto público en mínimos históricos y la inflación en niveles manejables del 2% mensual, la economía necesita que el salario real comience a traccionar. Sin una recuperación del consumo privado, el riesgo es entrar en una «meseta recesiva» donde las cuentas cierran, pero la actividad no arranca.
¿Qué esperar para 2026? Los mercados miran con lupa si el Gobierno mantendrá la «licuadora» encendida o si comenzará una etapa de «recomposición» que permita que ese dato invisible de pérdida salarial empiece a revertirse.







