La sequía recurrente que atraviesa Mendoza ha puesto en marcha una serie de medidas por parte del Departamento General de Irrigación, que presentó recientemente un plan especial de gestión de riego para enfrentar la falta de agua. Se trata de un programa que forma parte del Plan Hídrico Provincial, actualmente en elaboración, y que apunta a establecer lineamientos claros en cada cuenca con el fin de organizar el uso del recurso de manera preventiva.
Rubén Villodas, director de Gestión Hídrica de Irrigación, detalló a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que el objetivo es anticiparse a los escenarios más críticos. “Este es un plan que forma parte en realidad del plan hídrico provincial y que se está elaborando, probablemente se termine el año que viene el plan general, y este es un plan que forma parte de ese. La idea general de todos estos planes de gestión de riesgo es tener una visión preventiva frente a las distintas amenazas que puede haber, en este caso la sequía, y poder acordar con tiempo con los distintos usuarios qué acciones se van a tomar cuando aparezca el problema”, explicó.
El programa, que se presentó a nivel provincial, establece directrices y etapas que deben seguir las cuencas en su planificación. Villodas indicó que “este programa provincial lo que hace es dar los lineamientos y las etapas que se tienen que considerar en la próxima etapa, que es la elaboración de un plan de acción por cada cuenca con todos los parámetros de planificación y desarrollo que corresponda”.
“Cada cuenca tendrá que tener en cuenta su realidad. Por ejemplo, hay cuencas donde el agua potable es muy importante como en el río Mendoza, que abastece a un millón 300 mil personas, y en otras cuencas quizá no tanto porque cuentan con agua de pozo. También depende del tipo de cultivo: la falta de agua no influye igual en un viñedo que en una hortaliza”, señaló el funcionario.
El director de Gestión Hídrica también subrayó que este plan no se limita a una mirada parcial, sino que debe contemplar todos los usos posibles del recurso. “Es un plan que se tiene que aplicar, y seguramente el año que viene se va a desarrollar en la parte de cuenca. Hay que evaluar no sólo los cultivos y el riesgo, sino todas las demandas y usos. Hay distintos niveles de sequía y hay que prever medidas escalonadas para toda la demanda”, remarcó.
Si bien el plan general estará concluido el próximo año, Irrigación ya comenzó a implementar medidas bajo la misma filosofía. “Ya esta temporada hemos empezado a manejar con las inspecciones de cauce algunos índices que indican la gravedad de la situación. Se han tomado medidas como alargar la corta de agua o cambiar los inicios de temporada, planificando estos tres o cuatro meses hasta que entreguemos el pronóstico”, indicó Villodas.
“Con seguridad a lo largo del mes de octubre va a haber una serie de reuniones y evaluaciones con las inspecciones de cauce para que cada uno, de acuerdo a cómo le afecte la situación del pronóstico, vaya viendo cómo planificar el próximo año”, sostuvo.
Uno de los temas más sensibles es el estado de los embalses. Pese a la escasa acumulación de nieve durante el invierno, Villodas explicó que se logró una ventaja inicial al llegar con los embalses llenos a la actual temporada de riego. “La gran ventaja que tenemos este año frente a la baja de nieve y caudales es que, al haber alargado la corta y demorado el inicio de la temporada de riego, los embalses en su mayoría se llenaron. Eso nos permite planificar la primavera con más comodidad”, dijo.
Sin embargo, el funcionario advirtió que la incertidumbre continúa de cara a la próxima temporada. “La preocupación está en cómo vamos a tener los embalses para la temporada que viene, porque después de un año con poco caudal no sabemos cómo podremos terminarlo. Iremos monitoreando durante el año si podemos volver a llenarlos en el invierno próximo”, concluyó.
La aplicación del plan de gestión de riego frente a la sequía abre una nueva etapa en la administración del agua en Mendoza, con una mirada preventiva que busca dar respuesta a una de las problemáticas más críticas que enfrenta la provincia: la escasez del recurso. Con lineamientos claros y participación de los distintos actores, la meta es garantizar que el uso del agua se planifique con previsión y criterios de sustentabilidad.







