Luego de haberse presentado con su show en el Festival de la Tonada, organizado todos los años en el departamento de Tunuyán, Soledad Pastorutti emprendió viaje hacia Tama, La Rioja, para continuar su gira. Sin embargo, el trayecto por sobre la ruta nacional 41 se vio interrumpido luego de un choque en cadena que no hubo víctimas, que tuvo como protagonistas a varios vehículos.
Tras este incidente, el micro sufrió un desperfecto y lo que en principio iba a demandar unas dos horas de demora, se fue dilatando. La espera por continuar viaje se transformó en una eternidad, hasta que Carmen Fernández, una maestra que vive en el departamento de San Martín, se acercó hacia el colectivo de la gira para ofrecerle su casa y sus comodidades.
En su propio hogar albergó a la reconocida cantante, a su marido Jeremías Audoglio y a su hija Regina. También a todo su staff, músicos y técnicos.
«Cuando salen del Festival de La Tonada se produce un choque en cadena en Tunuyán. Tras ese incidente se les rompió, sin que se dieran cuenta, una manguera del micro. Por eso, a unos 100 kilómetros de ese lugar, el micro sufrió un desperfecto y no pudieron continuar viaje. Quedaron varados justo al frente de mi casa, eran cerca de las 8 y 30 de la mañana. Jamás nos imaginamos que en el colectivo viajaba Soledad. Primero se bajaron unas tres o cuatro personas a pedir ayuda», relató ante los micrófonos de FM Vos 94.5 Carmen Fernández.
«Mi marido los acercó hasta el pueblo más cercano a tratar de conseguir los repuestos. Allí no había, en ese instante nos comunicaron que dentro del micro estaba Soledad junto a su hija y su marido. Sinceramente no sabía que iban a hacer tantas horas. Recuerdo que en un primer momento le ofrecí el baño a una chica que se llama Sofía y a la mánager. Ellas me manifestaron sobre el calor que hacía dentro del micro, porque como se había roto no andaba el aire acondicionado. Entonces, ahí les dije ‘esta es mi casa y es lo que tengo para ofrecerles, si ustedes quieren las puertas están abiertas'», expresó la docente.
«Las chicas se mostraron muy amables y me preguntaron si no tenía ningún inconveniente de que ingresen el resto de sus compañeros al baño. Les dije que eran bienvenidos, por lo que comenzaron a bajarse del micro. Pensé que eran unos cuatro o cinco, pero eran más de 20 personas», aseguró Fernández en tono jocoso.
Luego, prosiguió narrando esta historia increíble y de carácter hospitalario mendocino. «Mi casa no es muy grande, pero era lo que tenía para brindarles. Todos aceptaron la invitación, son personas muy amables y humildes. Nos trataron como si nos conocieran de toda la vida. Tomamos algo fresco y compartimos mate. Después almorzamos unos sándwiches de fiambre, porque pensaban que pronto iban a poder seguir con su viaje. Al final estuvieron acá hasta las 18 horas. Además, se los veía preocupados porque no llegaban a un show en La Rioja. Fue una experiencia muy bonita que jamás imaginé», remarcó Fernández.
«Cada uno de los integrantes me contó parte de su vida. Qué hacían o el instrumento que tocan. Hablaban mucho con mis hijos y hasta jugaron a la PlayStation. Soledad me contó sobre la escuela de su hija y se preocupó por saber a qué me dedico. Fue algo increíble, cumplí un sueño. No lo podía creer, tenía a Soledad sentada a mí lado. Todos los chicos estaban muy cansados y se pusieron a cantar para no dormirse», remarcó.
También contó algunos detalles sobre la rotura que tuvo el colectivo privado de Soledad Pastorutti. «El micro de ellos quedó acá en la zona, porque les costó poderlo arreglar. Vino otro ómnibus que contrataron para continuar el trayecto hacia La Rioja», indicó.
«Los managers de Soledad anotaron mí número y me escribieron. Me agradecieron en varias oportunidades. Nuestra familia es fanática del folklore y esto que nos pasó con la Sole es lo máximo», exclamó al final de la entrevista, la protagonista de esta historia increíble.







