La poda no es solamente una tarea de invierno en las fincas del sur mendocino. Detrás de cada corte correcto hay años de experiencia, conocimiento técnico y una práctica que puede definir la calidad y la rentabilidad de una cosecha.
Con esa premisa, la Escuela Técnica Agraria N° 4-197 «Ingeniero Agrónomo Julio Gatica», de La Guevarina, realizará una nueva edición de su tradicional Concurso de Poda, un encuentro que ya se ha convertido en una referencia para la región.
La actividad se desarrollará el viernes 31 de julio y reunirá a estudiantes de escuelas agrarias, docentes, trabajadores rurales y productores que pondrán a prueba sus conocimientos en una de las labores más importantes de la fruticultura regional. La propuesta, que este año llega a su octava edición para alumnos y séptima para podadores libres, busca fortalecer la capacitación práctica y promover el intercambio de experiencias entre quienes forman parte de la actividad productiva.

Lejos de tratarse de una competencia meramente recreativa, el certamen tiene un fuerte componente educativo y productivo. Desde hace años la institución impulsa estas jornadas con el objetivo de vincular la enseñanza técnica con situaciones reales de trabajo, permitiendo que los futuros técnicos agropecuarios desarrollen habilidades directamente relacionadas con las necesidades del sector.
LA PODA COMO LABOR CULTURAL DE LA FINCA
La poda es una de las prácticas que más influye sobre los rendimientos y la calidad de la fruta, impactando directamente en la rentabilidad de las explotaciones agrícolas. Por ese motivo, la formación de mano de obra especializada continúa siendo una demanda permanente de las economías regionales.

La jornada comenzará con las acreditaciones y el acto de apertura, para luego dar paso a las prácticas en campo y la competencia de poda sobre plantas sorteadas. También se realizará la imposición del nombre al invernadero de la institución, uno de los momentos más significativos del encuentro. El cierre incluirá el almuerzo de camaradería y la entrega de premios a los participantes.
En una zona donde la agricultura sigue siendo uno de los motores económicos, el concurso representa mucho más que una competencia: es una oportunidad para poner en valor los saberes del trabajo rural y formar a las nuevas generaciones que tendrán la responsabilidad de sostener y modernizar la producción frutícola del sur mendocino.







