El 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, proclamado la Organización de Naciones Unidas como una fecha simbólica para conmemorar la importancia que tiene la felicidad como parte integral en el desarrollo y bienestar de todos los seres humanos. Es un día que también celebra la inclusión y que, por lo tanto, exige que todos los gobiernos del mundo lo tengan presente como parte de sus políticas sociales y económicas, para que de esta forma pueda existir una verdadera equidad y bienestar colectivo que, a la larga, ayude a alcanzar la tan anhelada felicidad que toda la raza humana sueña. El origen del Día Internacional de la Felicidad es una bonita historia. Fue el Reino de Bután, un pequeño país del sur de Asia, en la cordillera del Himalaya, el que propuso este día a la ONU. Resulta que el rey de Bután hace más de 40 años, y cuando solo tenía 16 decidió que la filosofía de su gobierno se basara en la felicidad de sus súbditos. Y para ello inventó el concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB), en vez del Producto Interior Bruto. Pues bien, la FNB es hoy un indicador de nivel de vida que se utiliza internacionalmente como complemento al Producto Interior Bruto. Se calcula midiendo nueve puntos: el bienestar psicológico, el uso del tiempo, la vitalidad de la comunidad, la cultura, la salud, la educación, la diversidad medioambiental, el nivel de vida y el Gobierno. El camino hacia la felicidad requiere de valores fundamentales como la amabilidad y la compasión, especialmente en tiempos de crisis como durante la pandemia de coronavirus. Es allí donde ahora debemos trabajar más que nunca, a pesar de que los sacrificios y las consecuencias sean múltiples. Todos podemos contribuir a llegar a esa felicidad cuanto antes. Todo ello sin olvidar y tener la perspectiva de que los más afectados seguirán siendo los países que luchan contra la pobreza y, sobre todo, contra la inequidad. No existe nadie feliz en un grupo de infelices.




