Cada 30 de mayo, desde 1997, se conmemora en Argentina el “Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos”. La fecha fue establecida por el Incucai para recordar el nacimiento del hijo de la primera paciente que dio a luz después de haber recibido un trasplante hepático en un hospital público de nuestro país.
Esta fecha es una oportunidad para generar conciencia sobre el valor de la donación de órganos y tejidos para trasplantes, y para reflexionar sobre su importancia. Cada trasplante que se realiza en el país es posible gracias a la participación de la sociedad, representada en el acto de donar; a la intervención de los establecimientos hospitalarios, y a los organismos provinciales pertenecientes al sistema sanitario argentino.
En julio de 2018 el Congreso Nacional aprobó por unanimidad la ley denominada “Justina” que establece que todas las personas son donantes, salvo que en vida hayan expresado lo contrario: habilita la ablación de órganos y/o tejidos a toda persona capaz mayor de 18 años que no haya dejado constancia expresa de su negativa.
A pesar de los avances en la concientización liderada por el INCUCAI y las sociedades científicas e instituciones asistenciales, todavía enfrentamos desafíos significativos en la promoción de la donación de órganos. En Argentina, la tasa de donación se sitúa en 16.5 donantes por millón de habitantes, una cifra considerablemente más baja que la de países como España, que lidera con 47 donantes por millón de habitantes, casi el triple.
Donar órganos es un acto altruista que trasciende fronteras culturales y nos devela y enfrenta a valores éticos y sociales. Al ofrecer la posibilidad de salvar o mejorar la vida de otra persona, la donación de órganos se convierte en un acto de generosidad y empatía. Este gesto no solo impacta en el paciente que recibe el órgano y en la familia de la persona donante, sino que también contribuye a fortalecer el tejido social, fomentando una comunidad más solidaria y compasiva.




