Miguel Di Betta, presidente de la Federación Argentina de la Industria del Pan, analizó la situación actual del sector. El panadero señaló que las ventas están muy flojas, principalmente por la falta de un invierno riguroso, y que el sector soporta el aumento de costos desde julio. La entidad está evaluando una actualización de precios, buscando minimizar el impacto en el consumidor para sostener el consumo.
COSTOS EN AUMENTO Y VENTAS FLOJAS
En comunicación con FM Vos 94.5, Di Betta describió un escenario de presión en los costos de producción, pero una decisión de la industria de no trasladar esos incrementos al consumidor durante meses. «La parte económica es compleja: las materias primas han tenido incrementos, como también ha ocurrido con la carga impositiva. Nosotros hemos seguido soportando este tema de los precios y no ha habido aumento desde el mes de julio”, expresó al comienzo de la entrevista.
A esto se suma la baja demanda, que no repuntó en la temporada invernal como se esperaba. «No nos ayudó que no tuvimos invierno. Las ventas no influyeron; en la época invernal, nos ayuda un poco que tengamos más trabajo. Ahora estamos teniendo un mes de noviembre muy tranquilo, muy flojo. El precio del kilo de pan se mantiene en $2.800 desde julio”, aseveró.
EVALUACIÓN DE UN PRÓXIMO AUMENTO Y CAUTELA
El presidente de la Federación indicó que el sector está evaluando un nuevo ajuste de precios, que se anunciaría en los próximos días. La decisión se está tomando con gran cautela, priorizando que el producto siga siendo accesible. «Al llegar a Buenos Aires, tuvimos una reunión con representantes de todo el país y estamos tratando el tema [del aumento] esta semana. Yo calculo que después del viernes tendremos novedades, pero alguna actualización va a haber», anticipó.

Si bien la estimación inicial ronda el 10%, la Federación busca mantener el precio lo más bajo posible para no desalentar el consumo. «Se está hablando de un 10 por ciento de incremento, pero lo vamos a evaluar. Igualmente, yo soy una persona que trata de equiparar siempre para abajo, no para arriba. Hay que evaluar bien todo para que la gente siga entrando a las panaderías, que eso es lo fundamental», destacó en otra parte de la charla.
Dentro de ese marco, Di Betta expuso que mantiene contacto con la Secretaría de Industria para informar sobre las realidades que atraviesa el sector, especialmente en aquellas provincias que viven momentos muy difíciles.
EL IMPACTO NEGATIVO DE LA CLANDESTINIDAD
El sector legalizado está fuertemente afectado por la competencia desleal de las panaderías clandestinas, un problema que, según el representante, alcanza niveles alarmantes. «Siempre sigo exigiendo y protestando por la clandestinidad, porque hoy tenemos más de un 60 por ciento en el sector, y eso no nos ayuda. Una panadería que esté en condiciones no puede vender a los precios que se ven en los carteles de la calle«, advirtió.
Por último, Di Betta enfatizó que la falta de control por parte del gobierno afecta no solo al sector panadero, sino también al sistema de aportes laborales en general. «Estamos teniendo un 60 o 70 por ciento de clandestinidad en el sector. El gobierno debe interesarse, porque esto refleja los problemas de falta de aportes jubilatorios. Es fundamental que controlen la parte laboral como corresponde y que todos los comercios estén en condiciones», cerró.







