En un contexto donde el Gobierno nacional impulsa grandes inversiones en sectores estratégicos, la industria vitivinícola argentina ha alzado su voz para solicitar un régimen de incentivos fiscales similar al RIGI (Régimen General de Incentivo a las Grandes Inversiones), pero adaptado a las necesidades de las PyMEs del sector.
Representantes de bodegas y asociaciones vitivinícolas han manifestado que el sector requiere con urgencia inversiones para modernizar sus procesos productivos, mejorar la calidad de los vinos y aumentar su competitividad en los mercados internacionales. Aseguran que las condiciones actuales y los requisitos del RIGI no traen ningún beneficio para el sector.
«Una de las principales actividades económicas de la provincia, como lo es la vitivinicultura, no está contemplada dentro de este Régimen de Incentivos. En la industria vitivinícola, aún las grandes empresas son pymes en relación a las otras actividades. La verdad es que no me imagino una inversión de muchos millones de dólares para implantar miles de hectáreas. Y si lo hacen, sacarían del juego a los actores tradicionales, lo cual tampoco es lo mejor. Nosotros lo que más necesitamos son inversiones en el sector primario para que puedan tener malla antigranizo, riego por goteo y tecnología para mejorar la actividad», explicó a FM Vos 94.5 Sergio Villanueva, Gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA).
«El RIGI actual no es compatible con nuestras necesidades. Habría que empezar a generar algunas ventajas para que esto no se distorsione. El monto mínimo de inversión requerido para acceder al RIGI actual resulta excesivo para la mayoría de las PyMEs vitivinícolas, lo que las excluye de los beneficios del programa», aseguró.
Ante todo, lo expuesto anteriormente, explicó lo que contempla la propuesta RIGI PyME. «La Corporación Vitivinícola Argentina hizo un estudio con la Facultad de Ciencias Económicas y se determinó que el 57 % del excedente de explotación se va en impuestos. Hay una presión impositiva muy alta. Otorgar exenciones parciales o totales de determinados impuestos para reducir la carga fiscal de las empresas que inviertan en el sector, puede ser una solución. Otra cuestión podría llegar ser favorecer la incorporación de tecnología. El sector se tiene que ir desarrollando acorde a las exigencias de los mercados del mundo. Hoy se consumen bebidas con menos graduación alcohólica. El vino blanco va ganando terreno. Por ejemplo, nosotros somos exportadores de tintos, pero Estados Unidos está importando blancos. Adaptarse a los cambios no es sencillo, hay que promover un régimen que incentive las inversiones sobre el sector», consideró.
«También se podrían bajar los aranceles a las importaciones. A su vez, es fundamental implementar el acceso a líneas de crédito con tasas preferenciales para financiar proyectos de inversión. Queremos que haya igualdad de competitividad. Lo más conveniente sería reforzar el capital de las empresas existentes y brindarles la posibilidad de competir a nivel global, pero con inversiones sobre todo en tecnología y en riego para fortalecer al sector primario», concluyó Villanueva.







