San Rafael y General Alvear mantienen profundas diferencias políticas, pero coinciden en algo fundamental: quieren que continúe el combate aéreo contra el granizo. Mientras tanto, Provincia y municipios siguen discutiendo quién paga, cuántos aviones se necesitan y bajo qué condiciones funcionará el sistema. El calendario avanza y las definiciones todavía no aparecen.
La Lucha Antigranizo vuelve a transformarse en una novela para el Sur mendocino. Desde que el gobernador Alfredo Cornejo decidió que la Provincia dejara de financiar el sistema aéreo como lo había hecho durante años, cada previa de temporada quedó atravesada por negociaciones, reproches, acusaciones y discusiones políticas que terminan relegando lo más importante: determinar con tiempo y previsibilidad cómo se protegerá la producción cuando comiencen las tormentas.
Este año la historia vuelve a repetirse. En un extremo aparece el Municipio de San Rafael, conducido por Omar Félix y políticamente enfrentado al Gobierno provincial; en otro, General Alvear, bajo la gestión radical de Alejandro Molero y alineado con la administración de Alfredo Cornejo. Félix y Molero mantienen diferencias prácticamente irreconciliables y en los últimos meses sumaron cruces por distintos asuntos regionales. Sin embargo, detrás de toda esa confrontación existe una coincidencia que resulta imposible soslayar: los dos departamentos quieren que la Lucha Antigranizo continúe. Alvear ya expresó su voluntad de avanzar con el sistema y San Rafael también manifestó que pretende sostenerlo, aunque bajo condiciones diferentes.
San Rafael reclama al menos tres aeronaves, argumentando que dos no garantizan una operatoria adecuada ante eventuales desperfectos o mantenimientos, y pide que la Provincia vuelva a participar en el financiamiento. Además, Omar Félix pretende un acuerdo de largo plazo, de al menos ocho años, para terminar con una discusión que se reedita prácticamente antes de cada temporada. La respuesta provincial volvió a marcar diferencias: Mendoza ratificó la disponibilidad de dos aviones y del soporte relacionado con la información meteorológica, pero descartó asumir los términos económicos reclamados desde nuestro departamento.
En medio de esa disputa aparece también el ministro de Producción, Rodolfo Vargas Arizu, cuya relación con sectores productivos, económicos y empresariales sanrafaelinos atraviesa momentos de fuerte tensión. El funcionario quedó especialmente cuestionado después de que una comunicación oficial hablara de “ceder” aeronaves y, horas más tarde en Fm Vos 94.5, él mismo aclarara públicamente que los municipios debían pagarlas. El episodio profundizó el malestar e incluso volvió a poner en valor el reclamo de la Cámara de Comercio de San Rafael, que había pedido que el ministro viniera personalmente al departamento a explicar la política provincial respecto de una herramienta considerada estratégica para el oasis productivo.
El problema es que mientras la política discute, el calendario no espera. San Rafael se aproxima nuevamente a los meses de mayor actividad convectiva y ya existen advertencias y preocupación en distintos sectores por las condiciones climáticas que podrían acompañar al denominado fenómeno del “Súper Niño”. Para una economía regional donde una granizada severa puede destruir en minutos el trabajo de toda una temporada, discutir previsibilidad no es una cuestión secundaria.
Después de dos temporadas en las que San Rafael y Alvear sostuvieron económicamente buena parte del operativo y cuando ambos municipios, pese a todas sus diferencias, coinciden en que quieren continuar con la Lucha Antigranizo, resulta difícil explicar que nuevamente se llegue a septiembre sin un esquema definitivamente acordado.
La Provincia sostiene una postura, San Rafael reclama otra y Alvear intenta avanzar bajo condiciones diferentes. En el medio están productores que necesitan saber qué herramientas tendrán cuando aparezcan las primeras grandes tormentas.
Y mientras siguen las notas, las respuestas, las conferencias, los comunicados y las disputas políticas, el tiempo corre. Como decía la abuela: el pescado sigue sin vender.


