Hiladoras y tejedoras del desierto de Lavalle producen lanas artesanales con tintes naturales. En este marco también han incorporado productos del sur mendocino.
Sus lanas, a buenos precios y de alto valor cultural, se consiguen en plena Ciudad de Mendoza y reciben buenas críticas por parte de los compradores.
De pura oveja y a buenos precios, las lanas provienen de otras zonas productoras y se procesan en Lavalle, en las etapas de hilado y teñido.
Cada ovillo cuenta una historia de mujeres del desierto “trenzadas” por necesidades e inquietudes particulares, que sellan el compromiso con sus raíces huarpes. Son artesanas folclóricas, crean piezas únicas y factibles de adquirir en el mercado.
«A las mujeres se las fue capacitando en el trabajo de la lana, el escarmenado, la limpieza, los hilos y ovillos. Pero, uno de los problemas que tenemos en la zona es que la cantidad de ovejas es baja, porque son zonas netamente productoras de cabritos. Así es que ahora, logramos traer 2.000 kilos de lana desde San Rafael, que están destinados a las hilanderas», explicó el Director de Desarrollo Económico y Turismo de Lavalle, Juan Jaime.
Quienes compran su lana también adquieren historia. Las técnicas que utilizan son transmitidas de generación a generación. Hoy la mayoría tienen entre 35 y 55 años, otras tienen 75 años, mientras que en el otro extremo hay adolescentes, lo que asegura la transmisión de estos saberes propios de la identidad local del secano mendocino.







