La polémica es definida como la práctica de causar disputas y controversias en diversos campos discursivos tales como la religión, la filosofía, el arte o la política. Viene del griego polemikḗ, que significa “el arte de la guerra”.
El campo de la política partidaria es absolutamente fértil para las polémicas. Allí, sus habitantes suelen plantear sus posturas y, sobre todo, rebatir lo que pudiera afirmar al respecto el adversario ideológico. Desde hace varios años, pero cada vez con mayor profundidad y fanatismo, la mayoría de los tópicos de discusión que integran la agenda pública nacional sirven para escuchar, leer y oír a representantes de cada uno de los espacios políticos partidarios argentinos decir lo suyo. Y denostar al rival. Casi no se hace otra cosa.
Hoy, una parte importante de los temas que nos ocupan a los argentinos, los mendocinos y los sanrafaelinos –cada uno con sus particularidades y también los que los aúnan- son atravesados por el canal (valga la referencia hidráulica lugareña) de la polémica.
Está claro que la discusión y el planteamiento de los puntos de vista son claves en el ámbito dirigencial. Es la faz agonal de la política, aquella que constituye la lucha por alcanzar y conservar el poder. Sin embargo, lo que no parecen entender varios de quienes ejercen la política partidaria argentina es que el resto de la sociedad también participa de ese fenómeno y que muchos de sus integrantes están hoy más ávidos de respuestas y soluciones a sus necesidades (concretar, en definitiva, la faz arquitectónica de la política) que de discusiones que, en definitiva, pocas veces conllevan un resultado provechoso para el grueso de la comunidad.
Una genuina aspiración en toda democracia madura es que en la faz agonal predominen el respeto y la sana convivencia entre los adversarios, y que en la faz arquitectónica la definición de las políticas públicas cuente con el mayor grado posible de consenso entre las principales fuerzas políticas; esto daría lugar al surgimiento de las tan reclamadas políticas de Estado.




