Hay almuerzos que son mucho más que una tradición. En San Rafael, el de las Fuerzas Vivas es uno de esos momentos en los que el poder político se sienta frente a quienes producen, invierten, comercian y generan empleo. Por unas horas, las distancias entre los despachos oficiales y la realidad cotidiana quedan reducidas a una misma mesa. Lo importante es qué se dice allí y, sobre todo, qué reclamos se está dispuesto a sostener cuando los funcionarios regresan a sus oficinas.
Silvina Pietrelli tendrá hoy la responsabilidad de ponerle voz a una comunidad productiva que atraviesa uno de sus momentos más delicados. La vitivinicultura, la fruticultura y la industria conservera enfrentan dificultades profundas; el comercio sufre la caída de la actividad, el desempleo crece y el turismo alterna períodos de movimiento con otros de incertidumbre. Mientras la economía provincial modifica de hecho la matriz productiva, San Rafael necesita respuestas para evitar que esa transformación termine arrasando con actividades que construyeron su identidad durante generaciones.
Por eso, el discurso de la presidenta de la Cámara de Comercio no puede quedarse en una descripción amable de nuestras potencialidades ni en una sucesión de pedidos formulados con diplomacia. Tiene que ser suficientemente firme para reclamar lo que el departamento necesita. La lucha antigranizo, un seguro agrícola adecuado, las obras de infraestructura, el Paso Las Leñas y el destino de los 1.023 millones de dólares del resarcimiento por Portezuelo del Viento no son asuntos secundarios. Son parte de la discusión sobre el futuro económico del sur mendocino.
El sábado pasado, tres expresidentes de la propia Cámara coincidieron en FM Vos en que la Provincia debe volver a hacerse cargo del ciento por ciento de la lucha antigranizo. Esa coincidencia debería servir como muestra y punto de partida, no como una voz aislada del pasado.
También existe una percepción que merece ser atendida: distintos actores sociales han advertido, especialmente desde la llegada de Pietrelli a la presidencia, una actitud menos exigente de la entidad frente al Gobierno provincial. No se trata de desconocer gestiones ni de negar que el diálogo institucional sea necesario. Pero dialogar no significa suavizar los reclamos, y mantener buenas relaciones con los funcionarios no puede convertirse en un objetivo superior a la defensa de los intereses de San Rafael. Una Cámara fuerte no es la que evita incomodar al poder, sino la que consigue que el poder escuche aquello que la comunidad les pide.
La discusión por los fondos de Portezuelo es una prueba concreta. Mendoza recibió más de 1.023 millones de dólares por la frustración de aquella obra y el Gobierno provincial decidió destinarlos a un conjunto de proyectos de infraestructura. San Rafael tiene derecho a reclamar transparencia sobre esa distribución y a exigir que el sur no vuelva a quedar relegado en el reparto de recursos que debían representar una oportunidad para toda la provincia. Lo mismo ocurre con el Paso Las Leñas: después de tantos años de anuncios y gestiones, hacen falta decisiones verificables. Y con el seguro agrícola y la lucha antigranizo, porque el productor no puede quedar solo frente a los riesgos climáticos mientras la cadena comercial e industrial depende de que pueda seguir trabajando.
El país atraviesa un momento crítico, Mendoza también y San Rafael no es una excepción. En ese escenario, el Almuerzo de las Fuerzas Vivas debería recuperar toda su potencia: no como una ceremonia para escuchar promesas, sino como una instancia en la que el poder tenga que responder. Pietrelli tendrá mañana la oportunidad de demostrar que la Cámara conserva la independencia y la firmeza que históricamente le permitieron representar al departamento. Porque las Fuerzas Vivas no necesitan una voz que agrade a todos los presentes. Necesitan una voz que, en nombre de San Rafael, se anime a exigirles lo que nos corresponde.


