La reciente disposición de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) que amplía la nómina de fármacos que pueden adquirirse sin prescripción médica encendió las alarmas en el sector profesional de la salud. La medida autoriza la comercialización libre de diez monodrogas que abarcan desde antialérgicos y antiparasitarios específicos hasta tratamientos para trastornos intestinales, mareos y descongestivos nasales. Desde el Colegio Farmacéutico de Mendoza advierten que el avance hacia la venta sin receta desincentiva la consulta médica, dilata el diagnóstico precoz de patologías severas y fomenta la automedicación indiscriminada en la población. Asimismo, los profesionales desmintieron que la medida se traduzca en una reducción efectiva de costos para los usuarios, ya que, al perder la condición de venta bajo receta, las obras sociales y empresas de medicina prepaga retiran la cobertura del 40% que habitualmente aplicaban sobre estos productos. Beatriz Cucchi, presidenta del Colegio Farmacéutico de Mendoza, analizó los peligros de considerar al medicamento como un bien de consumo masivo, cuestionó los criterios epidemiológicos utilizados por el organismo regulador y remarcó la importancia de la dispensa profesional responsable.
Riesgos clínicos y la pérdida del diagnóstico temprano
La eliminación de la receta médica en tratamientos específicos expone a los pacientes a efectos secundarios, interacciones medicamentosas y adicciones por uso prolongado. «Estas decisiones de pasar medicamentos de control bajo receta a la condición de venta libre generan muchísima preocupación por las consecuencias sanitarias que conllevan. Cuando un paciente tiene un problema de salud, al no tener cobertura de su obra social va a ir directamente a adquirir el producto intentando adivinar lo que tiene. Con ese ‘estimo que es esto’, se fomenta la automedicación y se pierden oportunidades clave para tener un diagnóstico certero y detectar enfermedades en forma temprana», alertó Beatriz Cucchi de entrada.
«Hablamos de diez monodrogas que incluyen antialérgicos específicos como la levocetirizina, antiparasitarios, medicamentos para mareos y para trastornos intestinales que pueden estar tapando patologías de mayor gravedad. El medicamento es un bien de uso sanitario, no es de consumo ordinario ni masivo, y mucho menos una mercancía. Si se usa mal, en condiciones inadecuadas de conservación o sin una dispensa responsable, genera intoxicaciones y complicaciones que pueden derivar en internaciones», siguió advirtiendo.

La controversia por el margen terapéutico y el acostumbramiento
Frente a las especificaciones técnicas que justifican la liberación por la ausencia de denuncias en los últimos cinco años, los farmacéuticos sostienen que la falta de eventos adversos se debía, precisamente, al control profesional previo. «El argumento de que no ha habido denuncias en cinco años se sostiene únicamente porque el medicamento estaba controlado. Si no había efectos secundarios o sobremedicación era porque existía la mediación de la receta y el consejo en el mostrador. Tomemos como ejemplo la nafazolina, las famosas gotitas nasales: si se utilizan por períodos prolongados de más de diez días, producen acostumbramiento, efecto rebote y una adicción de la cual el paciente después no puede salir», citó Cucchi.
«Cualquiera de las diez monodrogas representa una amenaza si el paciente tiene otra patología de base o si la droga inhibe la acción de otro medicamento que esté tomando. Saltear la consulta médica y la orientación farmacéutica va a traer consecuencias graves para la salud de toda la población. La responsabilidad sobre el uso de fármacos debe ser guiada por la autoridad sanitaria y no por la conveniencia comercial», manifestó de forma tajante ante los micrófonos de FM Vos 94.5.
El factor económico: sin rebaja de precios y con menor cobertura
Las entidades profesionales niegan que la desregulación beneficie el bolsillo de los consumidores y ratifican que mantendrán las acciones de concientización y los reclamos institucionales. «Si la intención teórica de esto era bajar los precios quitando los productos de la seguridad social, el riesgo sanitario que se asume es infinitamente mayor que cualquier beneficio. Además, los generadores de precios son los laboratorios. Al final del camino, el precio no baja y al paciente se le quita el 40% de descuento que le otorgaba su prepaga u obra social, por lo que el impacto económico termina siendo negativo», opinó la presidenta del Colegio Farmacéutico de Mendoza.
«A nivel nacional se están realizando todos los reclamos correspondientes a través de las confederaciones. En la provincia de Mendoza tenemos un marco legal que ampara el régimen de venta y dispensa, pero nuestro objetivo principal en este momento es concientizar a la población. Los riesgos de la automedicación son enormes y debemos actuar con máxima responsabilidad social ante la falta de controles«, completó.



