Un ejemplo concreto de cómo la articulación entre el sector público y privado puede transformar la producción agropecuaria tuvo lugar en San Rafael.
Gracias al trabajo conjunto entre INTA, el Departamento General de Irrigación y una empresa local, se logró incrementar en un 44% el rendimiento del cultivo de maíz. ¿La clave? Una estrategia de gestión integrada del riego gravitacional y manejo del cultivo.
El resultado no solo marca un avance tecnológico y productivo, sino que también impacta directamente en la producción de forraje, un sector donde San Rafael lidera a nivel provincial con más de 7.300 hectáreas sembradas.

El principal cultivo es la alfalfa, que ocupa 5.993 hectáreas, seguida por el maíz, con 1.226 hectáreas en diversas variedades.
En el departamento, el maíz se destina mayoritariamente a la producción de forraje para ganado, ya sea picado o ensilado. La campaña comienza a fines de enero con las variedades tempranas y se extiende hasta mediados de marzo.
Este aumento en los rindes cobra aún más relevancia en el contexto del crecimiento de la producción de carne vacuna bajo riego, una tendencia que abre nuevas oportunidades para el negocio del forraje.
En este escenario, el maíz consolida su lugar como cultivo estratégico en el sur mendocino, aportando volumen, calidad y sustentabilidad al sistema productivo.
El caso demuestra que cuando se combinan conocimiento técnico, eficiencia en el uso del agua y compromiso con la innovación, el campo responde con resultados concretos y sostenibles.







