Sabemos desde siempre que el Imperio Inca comenzó a expandirse desde su lugar inicial, territorio peruano, hacia el sur. Su influencia en la vida cotidiana de habitantes de la puna, calchaquíes, diaguitas y huarpes ya se ha demostrado, hasta el inteligente sistema de riego de éstos últimos se dice que tiene una impronta incaica.
Innumerables hallazgos arqueológicos, consistentes en ruinas pircadas, vestimentas en base a camélidos y restos de alimentación encontrados junto a momias que fueran depositadas en enterratorios característicos de la cultura inca, han sido bajados al llano desde grandes alturas de cerros andinos, lo que ha permitido ir formando el místico “Camino del Inca”.
Así en territorio argentino encontramos antiguos restos incaicos en Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan y el norte de Mendoza. Hace 80 años existían dudas que el camino inca habría llegado a territorio mendocino, pero con el hallazgo de las ruinas de Tambillos en Uspallata, todo cambió. Se comenzaba a confirmar las sospechas de que integrantes de aquella etnia peruana habrían llegado a estas tierras. Algunas ruinas indican pequeñas construcciones con paredes de piedras y cercos de pircas de baja altura, lo que denota la presencia de corrales, típicos hábitos incaicos.
Por supuesto que la temática turística aportó lo suyo y la existencia de un puente natural de singular belleza y magestuosidad, sirvió para darle continuidad al relato inicial de la llegada peruana a esta parte del mundo, me refiero al emblemático y conocido mundialmente “Puente del Inca”.
Siguiendo la característica principal del recorrido incaico, que es la de seguir una trayectoria hacia el sur, por un sendero precordillerano muy pegado a las primeras estribaciones de montañas de gran altura, lo que se observa en ese camino desde Salta hasta Uspallata, permitía suponer la existencia de una prolongación más austral, pero que no estaba sustentado por alguna prueba contundente que lo confirmara.
Es allí que hace un par de décadas, investigadores del Conicet e independientes comenzaron a especular con la idea de que los Incas podrían haber pasado la línea del Río Mendoza y debería haber vestigios de su presencia en el Valle de Uco, es así que las expediciones se intensificaron en la precordillera a la altura del departamento de San Carlos y hace poco tiempo dio frutos con el hallazgo de construcciones de piedras con ciertas similitudes incaicas, cosa que quedó confirmada con petroglifos hallados en el lugar y que corresponde a dibujo de serpientes muy común en el arte incaico debido a la admiración por las Anacondas que ellos tenían.
Ese yacimiento arqueológico se encuentra ubicado en una planicie de altura, al sur-oeste de la Laguna del Diamante, en territorio sancarlino y se confirma como el más austral descubrimiento incaico hasta la fecha.
Teniendo en cuenta la existencia de la antigua huella que sigue hacia el sur y pasa al pie de la precordillera sanrafaelina, proveniente desde Pareditas hasta La Jaula (San Carlos), al cruzar el Río Diamante ese camino sigue hasta El Sosneado, actualmente se denomina “Vieja Ruta 40”, conocida por lugareños de la montaña y planicie del oeste del departamento San Rafael y muchos aventureros que realizan deportes de alto riesgo y disfrutan de ese camino con característica de escenario paisajístico; tal vez nos sorprenda algún día el encuentro con alguna antigua construcción de piedras o corral de pircas que nos una a la apasionante historia Inca prolongando su camino hacia el sur mendocino.
¿Quién sabe que aparecerá?, por ahora estemos atentos a cualquier indicio que nos de la poco explorada cordillera sanrafaelina.
Por Enrique Mario Barrera







