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  • Cuando la patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla.| José de San Martín

miércoles 25, de mayo , 2022

Madre del joven ahogado: «No había guardavidas ni ningún elemento para socorrer a mi hijo»

El jueves pasado, en Bahía de los Sentidos, predio ubicado en la costa del lago Los Reyunos, una tragedia enlutó la tarde, ya que un joven de 17 años desapareció bajos las aguas; luego de ser rescatado, y a pesar de las maniobras de resucitación que se le practicaron (RCP), lamentablemente falleció. La madre del joven, Valentina Bolla relató a FM Vos (94.5) los sucesos tal como acontecieron desde su punto de vista.


Con gran entereza, Valentina dejó un fuerte mensaje, que a continuación transcribimos textualmente. “El jueves, estando de vacaciones en San Rafael, ingresamos al predio de Bahía de los Sentidos, en Los Reyunos. No conocíamos el lugar y concurrimos porque nos habían dicho que era un lugar muy lindo, y que (supuestamente) tenía un balneario, es decir, un lugar en el que los chicos se podían bañar, ya que era un lugar de ese tipo el que buscábamos. A todos los chicos les gusta el agua. Antes de continuar quiero aclarar que lo que estoy buscando al dar mi testimonio es para que una situación de este tipo no ocurra más, y que debe haber seguridad para todos. Yo no soy de aquí (la familia es oriunda de Carmen de Areco, Buenos Aires) y no volveré nunca más a Mendoza, y a mi hijo tampoco lo recuperaré nunca más; estoy buscando que esto no vuelva a pasar nunca. Estos complejos, o balnearios, no sé cómo se llaman, no están preparados para recibir gente. Deberían tener médico, ambulancia, guardavidas… lo digo no solamente por el agua, sino por cualquier otro accidente que pueda ocurrir. Están lejos, deben tener una sala de primeros auxilios con lo básico para atender una emergencia”.

Deberían tener médico, ambulancia, guardavidas… lo digo no solamente por el agua, sino por cualquier otro accidente que pueda ocurrir. Están lejos, deben tener una sala de primeros auxilios con lo básico para atender una emergencia


Valentina continuó su relato diciendo que “cuando llegamos, antes de pagar la entrada, pregunté si nos podíamos meter al agua, y me dijeron que sí, que había un boyado a partir del cual no se podía pasar; también me dijeron que había mesas y que se podían hacer actividades en el agua. El lugar pintaba hermoso, por lo tanto, entramos. Tuvimos que dejar el auto afuera porque adentro ya no había lugar porque el estacionamiento era chico. Nos pareció raro, pero igual entramos, ya que era la 1 de la tarde, hacía mucho calor y no teníamos ganas de buscar otro sitio. Ingresamos y tipo 1 y media comimos algo, ya que yo llevaba todo hecho. Mi hijo recién se metió al agua creo que a las 3 de la tarde; había comido un sándwich de milanesa y en ese tiempo a la comida seguramente ya la había digerido. No quiso comer mucho porque hacía muchísimo calor. Se fueron al agua y yo me quedé cuidando la mesa. Fueron mi cuñado, mi hermana y mis otros hijos”.
Valentina continuó describiendo que “volvieron y me dijeron que se había ahogado. Lo rescató gente de ahí, turistas. No había guardavidas ni ningún elemento para socorrer a mi hijo… Luego comienzan a hacerle RCP un médico turista y unos enfermeros, también turistas, que estaban allí. A esta gente les agradezco profundamente lo que hicieron por mi hijo. En el transcurso de las maniobras que le realizaban, mi hijo comenzó a vomitar, a largar todo. No sé cuánto tiempo habrán estado reanimándolo, no sé si fueron 5 o 10 minutos, a mí me pareció una eternidad. En un momento comienzan a decir que tenía pulso, que respiraba, y que había que sacarlo de allí para atenderlo mejor. Vino una camioneta particular y lo cargaron atrás. Lo acompañaron el médico turista y otro chico también turista. Nos fuimos a la salita de la Villa 25 de Mayo. Se tarda en llegar hasta allí, se tarda muchísimo en llegar hasta allí. La salita no está preparada para estas emergencias y estimo que para ninguna otra. No tenían ambulancia, no tenían médico; ni siquiera sabían que nosotros estábamos llegando. Supuestamente habían avisado a paramédicos de San Rafael. Cuando nosotros salíamos del complejo, supuestamente también le habían avisado al hospital de San Rafael y nos dijeron que al llegar a la salita de Villa 25 de Mayo ya habría una ambulancia esperando a mi hijo. Mentiras, nunca llegó. Mejor dicho, llegó 40 minutos después, mi hijo ya había muerto. Nunca tuvieron comunicación porque no sabían que había un chico ahogado, que mi hijo se estaba muriendo. Cuando llegamos a la salita, lo bajamos nosotros. El de la camioneta estuvo dos minutos y se fue, después me enteré de que era el encargado del lugar. Una vez que llegamos a la salita, una mujer que pasaba en un auto ve la situación desesperante que estábamos viviendo y literalmente se descolgó del auto para ayudar. Era una enfermera. Ella tomó el control de la situación porque la enfermera que estaba allí no sabía qué hacer. Tal se asustó o se abatató, pero no sabía qué hacer la pobre. A todo esto, el médico seguía haciéndole RCP a mi hijo, pero no tenía las herramientas necesarias para hacer algo más. Mi hijo murió porque no están preparados para esto. No hay quien socorra en una emergencia y esto que pasó puede repetirse con cualquier otra situación. Si se cae una criatura y se golpea la cabeza, o a una persona le da un ataque de presión, o un infarto, volverá a pasar lo mismo. Estos lugares no están preparados para la gente, no tendrían que estar abiertos si no tienen lo básico para atender una emergencia. Esto es elemental para una habilitación; no se entiende cómo un lugar que recibe gente está habilitado sin estar preparado. Y no es solo este lugar… Me pregunto quién firma las habilitaciones, quién permite que la gente ingrese a estos lugares que no están preparados para la mínima emergencia…”.
Desde el dolor, pero también desde el más elemental sentido común, Valentina continuó: “Si el lugar no está habilitado para bañarse, ¿cómo no hay una persona que controle esto? Tampoco hay cartelería que indique la peligrosidad del lugar. Hay tres familias que vía Facebook me confirmaron que esto es así. No hay cartelería; yo no la vi, mi marido tampoco, mi cuñado no vio una sola señal que advirtiera del peligro… Tampoco las tres familias que estaban cerca… Si hubiese habido al alcance del médico y de una médica cordobesa –turista– que también nos ayudó en Bahía de los Sentidos elementos como para salvarle la vida, mi hijo estaría vivo. Desde el lugar del ahogamiento hasta la salita los pulmones vuelven a llenarse de agua… Está muy lejos la primera asistencia (en Villa 25 de Mayo). Mi hijo necesitó un respirador para salvarle la vida y ese elemento no estuvo. No soy médica ni enfermera, pero me imagino que la acción rápida en estos casos es vital. A él lo sacaron del agua, vomitó, respiró, pero no hubo lo que cualquier médico necesita para continuar la tarea de salvar la vida. Mi hijo murió en la salita porque hicieron lo que pudieron, pero sin equipamiento en estos casos no es suficiente. Lo tiraron como una bolsa arriba de una camioneta, porque no hay en el lugar una ambulancia… Tengo bien en claro que, con las herramientas necesarias, mi hijo no moría. Lo tengo muy claro y los médicos que intervinieron me lo ratificaron”.
Esta muerte, evitable, abre un sinnúmero de interrogantes sobre la infraestructura que, en Los Reyunos y otros lugares debería existir para socorrer a las personas en caso de accidente. Ya van dos temporadas consecutivas en que a San Rafael viene una enorme cantidad de turistas, que dejan cantidades apreciables de dinero a muchos prestadores. Por lo tanto, estas falencias no pasan por un tema de costos, sino de conciencia y responsabilidad civil.

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