Victorio Iasuozzi completó una exigente travesía por el país atravesando siete provincias. Debió modificar su plan original por las condiciones climáticas y ahora recorre el norte antes de volver a casa.
Una travesía marcada por el esfuerzo, la experiencia y la pasión por la aventura llevó a un sanrafaelino a unir buena parte del país en bicicleta. Se trata de Victorio Iasuozzi, ciclista sanrafaelino, quien partió el 28 de febrero desde San Rafael con destino al norte argentino, logró llegar a La Quiaca y actualmente se encuentra en Humahuaca, ya en camino de regreso tras haber superado más de 2.000 kilómetros.
El propio protagonista detalló a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que su itinerario original era aún más ambicioso. “Lo que pasa es que mi recorrido era llegar a los salares de Uyuni, pero por problemas del tiempo, que ya está como en el invierno en alta montaña, en bicicleta se complica por los vientos y el frío”, explicó, al tiempo que remarcó las dificultades que presentan las condiciones climáticas en esa región.
El recorrido por las rutas argentinas
El viaje incluyó un extenso recorrido por distintas rutas nacionales y provincias. “En San Rafael salí el 28 de febrero. Tomé toda la Ruta 143, que la empalmé en Pareditas con la 40; de ahí, todo Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán y entrando a Salta”, relató. Sin embargo, el mal estado de la Ruta 40 en el tramo norte lo obligó a cambiar el trayecto. “En Cafayate quise seguir por la 40, pero ya me habían avisado que estaba muy deteriorada. La policía de Salta me dijo: ‘Mirá, es una ruta que no tiene mantenimiento porque está muy destruida’, entonces fui por la 9 y llegué a La Quiaca”, agregó.
Ya en el extremo norte del país, Iasuozzi también describió su experiencia en la zona fronteriza con Bolivia, particularmente en el paso hacia Villazón. “Hay un río por el que, del lado argentino, pasa muy poca agua y un puente que justo al medio dice ‘Bienvenido a Bolivia’ o ‘Bienvenido a la Argentina’”, contó, y destacó el movimiento comercial en el lugar. “Es una ciudad muy linda la de Bolivia, grande; aparentemente es una zona franca porque va mucha gente a comprar a esa zona. Yo soy un poco detallista y veía que traían bicicletas, electrodomésticos y esas cosas”, señaló.

La exigencia física y el factor de la edad
La travesía no estuvo exenta de exigencias físicas, especialmente por la altura. La Quiaca se encuentra a 3.890 metros sobre el nivel del mar, lo que suele generar complicaciones. “No me afectó la altura mientras estaba pedaleando, lo sentí el lunes a la noche cuando estaba durmiendo. Esa noche no dormí directamente”, reconoció. En ese sentido, también hizo referencia a prácticas habituales en la región: “Estoy viendo de Catamarca en adelante que mastican la hoja de coca. Yo no la probé nunca, como no es costumbre”.
A sus más de 60 años, el ciclista demuestra que la edad no es un impedimento para encarar este tipo de desafíos. “Sí, en una bicicleta de mountain bike. La edad es un número”, afirmó. Para concretar la travesía, destacó la importancia del equipamiento adecuado. “Hay que ir equipado porque uno no sabe dónde lo agarra la noche o el mal tiempo. Llevo carpa y bolsa de dormir”, explicó, y agregó que la experiencia adquirida en viajes anteriores le permitió optimizar lo necesario para este tipo de aventuras: “Como he hecho varios viajes, ya voy viendo lo que realmente necesito”.
No es la primera vez que Iasuozzi encara un desafío de estas características. En 2023 ya había realizado otro viaje de gran magnitud uniendo San Rafael con Ushuaia, lo que le permitió sumar experiencia en recorridos de larga distancia.
El tramo final del viaje
Respecto al tramo final de su actual travesía, indicó que no será completamente en bicicleta. “Voy recorriendo ahora las partes turísticas de Jujuy y de Salta, y en Salta, cuando termine, desarmo la bicicleta, la coloco en un colectivo y regreso a casa”, adelantó. El recorrido total superó los 2.000 kilómetros, una cifra que refleja la magnitud del desafío y el esfuerzo físico requerido.
Finalmente, dejó abierta la puerta a nuevas aventuras en el futuro. “Seguro que ya prepararé otro viaje”, deslizó, dando a entender que esta travesía no será la última.






