El ISCAMEN lidera un programa gratuito que combina responsabilidad ambiental, control legal y tecnología para mitigar los riesgos de residuos tóxicos en los cultivos.
La provincia de Mendoza ha avanzado significativamente en la gestión responsable de los envases vacíos de agroquímicos, un desafío crucial para la sostenibilidad del sector agrícola y la protección del medio ambiente. Este esfuerzo está encabezado por el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (ISCAMEN), que desde 1998 trabaja en la recuperación y el reciclaje de estos residuos a través de programas que han evolucionado en respuesta a las necesidades legales, ambientales y productivas.
Oscar Astorga, Secretario Técnico del ISCAMEN, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 la importancia y la historia del programa. “Estas acciones tienen que ver con toda una trayectoria de ISCAMEN desde una mirada ambiental y de cuidado de las personas. Comenzamos en 1998 con la gestión de envases vacíos de agroquímicos. Inicialmente, lo llamamos ‘Limpiemos Nuestro Campo’, luego ‘Agrolimpio’, y con la entrada en vigencia de la Ley Nacional de Envases se creó la Asociación Campo Limpio, con la que tenemos un convenio. Este programa opera bajo normativa nacional y contempla cerca de 115 centros de acopio en todo el país”.
Si bien no es un CAT, por el momento, en la delegación de ISCAMEN de San Rafael se recepcionan los envases y se los compacta en la delegación ubicada en Mitre 5400, Cuadro Nacional.
En Mendoza, el trabajo es permanente y descentralizado. “Es una tarea que realizamos todos los días, sin estacionalidad. Tenemos centros de acopio distribuidos en la provincia y minicentros de transferencia para facilitar al productor que no recorra largas distancias”, señaló Astorga.

El programa no solo fomenta la responsabilidad ambiental, sino que también establece una obligatoriedad legal para los productores. “El marco legal exige que los productores realicen la técnica del triple lavado. Este procedimiento reduce el 99 por ciento de la toxicidad residual en los envases, evitando riesgos para la salud. El agua de lavado se reutiliza en las maquinarias de aplicación, cerrando un ciclo seguro y sostenible”.
Astorga también destacó la trazabilidad como una herramienta clave del sistema. “Hoy por hoy, cuando un productor compra agroquímicos, el comercio está obligado a registrar esa transacción a través del RUT o el CUIT del comprador. Esto nos permite controlar qué productos adquiere cada productor o empresa. Además, el Senasa está desarrollando un sistema nacional de trazabilidad que complementará nuestro trabajo provincial, y lo implementaremos en marzo para evitar duplicaciones”.
En cuanto al destino final de los envases reciclados, el programa prioriza opciones seguras y prácticas. “El objetivo es que estos residuos no generen ningún daño a la salud. Los envases reciclados se utilizan para fabricar productos como postes para viñedos, baldes para la construcción, mallas plásticas para fibra óptica o caños de desagüe. Evitamos cualquier uso que implique contacto directo con personas, como cucharas plásticas o elementos similares”, aclaró.
La implementación del programa es gratuita para los productores. “No tienen que pagar absolutamente nada. Les proporcionamos bolsas especiales para recolectar los envases, que luego deben llevar a los centros de acopio. Es fundamental que los productores entiendan que este servicio está a su disposición, pero requiere de su compromiso y conciencia. Ya no podemos permitirnos prácticas históricas como enterrar o quemar los envases, porque eso provoca un daño irreparable al medio ambiente y a la salud”.

Finalmente, Astorga enfatizó el rol crucial de la responsabilidad individual en el éxito del programa. “Si tenemos un servicio de recolección eficiente y gratuito, no hay justificación para no utilizarlo. Es como acumular basura en casa y quemarla en el jardín, algo que claramente sería perjudicial. Esto funciona de la misma manera: depende de cada uno colaborar para proteger el ambiente y la salud de todos”.







