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Octavio, un pequeño de Salto de las Rosas, tuvo un gesto solidario en el Día del Niño que conmovió a San Rafael

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Una historia de generosidad y enseñanza dejó una huella en San Rafael durante el Día del Niño. Octavio, un pequeño de siete años con diagnóstico de autismo y residente en Salto de las Rosas, Cañada Seca, decidió donar varios de sus juguetes a otros chicos que no podían recibir regalos. Su madre, Belén Tristán, relató la experiencia y resaltó la importancia de educar con el ejemplo.
La historia comenzó días previos a la celebración, cuando Octavio vio en un estado de WhatsApp de su madre un juguete que le llamó la atención. “Él vio en uno de mis estados un juguete que le gustaba, un maletín con colores, fibrones. Y bueno, me preguntaba él si tenía la posibilidad yo de regalárselo para el Día del Niño”, contó Belén en diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5.
La mujer, que se dedica a la pastelería desde su casa, le explicó a su hijo que dependía de lo que lograra vender ese fin de semana. “Le dije, bueno, depende la cantidad de lo que yo venda. Yo me dedico a la pastelería desde mi casa. Dije según lo que recaude el fin de semana, si puedo, sí, te lo regalo.”
En medio de esa conversación surgió un planteo que sorprendió a la mamá. “A raíz de todo esto, él me pregunta, mamá, me dice, ¿y cómo hacen los niños cuando los papás no les pueden regalar lo que les piden? Porque vos siempre me lo regalás”. La respuesta de Belén fue sincera y sencilla: “La verdad es que es una situación un poco complicada porque no todos los papás tenemos la posibilidad de comprarles todo lo que ellos quieran. Algunos papás no tienen trabajo como yo tengo”.
Esa reflexión fue el motor de la decisión de Octavio, quien horas después se acercó con una propuesta que emocionó a su madre. “Yo voy a regalar mis juguetes, los que no uso más, para los niños, para que no estén tristes”. Y así lo hizo: seleccionó catorce juguetes, entre los que se encontraban su bicicleta y su caballito. “Empezó a sacar su bici, su caballito, una cantidad de juguetes, 14 regalitos en total”, explicó Belén.
El gesto tuvo un valor doble, ya que Octavio atraviesa desafíos propios de su condición de salud. “Es autista”, detalló su madre, quien destacó que la entrega de los juguetes fue también un paso importante en lo social. “Fue una sensación también muy linda para él porque él se animó a salir, todavía él no socializa, y él mismo se animó a salir y a tener ese contacto con los chicos para entregarle los regalitos. Y esa sensación, que caminaba con su pecho ancho, como esa sensación de orgullo que le daba a él también, está bueno porque es también superar un obstáculo más que es justamente eso, que él pueda relacionarse con chicos que no ha visto nunca y que no conoce”.
La familia vive en las cercanías de la Línea Ancha, en una zona un poco apartada. Esto hizo que en un primer momento no todos los niños se acercaran. “Estaba preocupado porque no habían retirado. Él estaba un poco frustrado porque dice, ¿por qué no vienen ningún niño?”, relató Belén. Sin embargo, algunos chicos sí llegaron y pudieron recibir los obsequios, lo que generó una gran alegría.
El contexto de esta historia también refleja la lucha de una madre por sacar adelante a su familia. “Nosotros somos una familia de cuatro integrantes, tres niños y yo solita. Y la forma de ganarme la vida fue esta, que es la que encontré en el momento que diagnosticaron a mi Octavio. Tuve que buscar la opción de ganarme el pan, y a la vez estar en casa, y a la vez poder estar en tiempo y forma para él, para su tratamiento, su terapia”.
Para Belén, más allá del hecho puntual, la enseñanza de fondo es lo más importante. “A los chicos hay que enseñarlos, hay que educarlos, pero también desde la práctica. No solo desde las palabras, sino desde el ejemplo. Por ahí puede ser más fácil decir, no, mira, esto está mal, pero si ellos no ven que el adulto ejerce ese ejemplo, no es muy fácil”.
La venta de pastelería, finalmente, rindió sus frutos y permitió cumplir el sueño de su hijo. “Gracias a Dios, no puedo quejarme, trabajo bien. Pero sí, sí alcanzó. Bueno, fue un pequeño esfuerzo también que tuve que hacer, pero siempre confiada, como siempre digo, Dios provee”.
La historia de Octavio rápidamente se viralizó y recibió innumerables mensajes de apoyo. “Nos sorprendió también la cantidad de mensajes lindos y cómo se viralizó también la publicación. Como siempre digo, en realidad la intención no era resaltar, sino justamente eso, trabajarlos desde la práctica con Octavio y a la vez también que haya algún niño que no tuviera algún regalito”.
El gesto de este pequeño sanrafaelino trascendió más allá del Día del Niño y dejó una lección de solidaridad y empatía, mostrando que, incluso desde la inocencia de la infancia, es posible cambiarle el día a alguien más.

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