En 1993, Mendoza logró transformar una reparación histórica por regalías petrolíferas mal liquidadas en una herramienta de fomento que pretendía, precisamente, honrar su nombre: el Fondo para la Transformación y el Crecimiento. Nacido bajo la premisa de que el capital público debía actuar como palanca para el desarrollo privado, este organismo se convirtió en el brazo financiero de miles de productores que, de otro modo, quedarían a merced de la frialdad de la banca comercial. Hoy, sin embargo, los rumores sobre su disolución proyectan una sombra de incertidumbre que amenaza con desarticular uno de los pocos esquemas de asistencia directa que aún permanecen en pie.
La posibilidad de que en los primeros días de abril se presente un proyecto para cerrar el organismo no es solo una noticia administrativa; es un sismo para el sector productivo en el momento de mayor vulnerabilidad. Resulta paradójico, y hasta contradictorio, que se baraje una decisión de tal magnitud en plena temporada productiva. En la actualidad, por caso, el fondo se encuentra desbordado de solicitudes de financiamiento inmediato para afrontar los gastos de una vendimia que ya está en marcha.
Para San Rafael, la vigencia del fondo tiene una carga simbólica y práctica ineludible. No debemos olvidar que el primer crédito otorgado por este organismo en junio de 1995 fue destinado a la colocación de malla antigranizo en una finca de nuestro departamento. Desde aquel hito fundacional hasta hoy, la economía sanrafaelina ha dependido sistemáticamente de estas líneas de tasa subsidiada para tecnificar el riego, proteger los cultivos y sostener el capital de trabajo. La desaparición de esta herramienta dejaría a nuestros pequeños y medianos empresarios en una orfandad financiera absoluta, especialmente en un contexto donde el acceso al crédito bancario tradicional resulta prohibitivo para la estructura de costos de la producción primaria.
La misión del Fondo ha sido, durante más de tres décadas, corregir las asimetrías del mercado y permitir que el emprendedor con visión pero sin grandes garantías patrimoniales pueda invertir y crecer. Si la respuesta oficial a las dificultades operativas o presupuestarias es la eliminación lisa y llana del organismo, se estará enviando un mensaje de claudicación hacia el sector que genera la verdadera riqueza de la provincia.




