La presentación formal de un bloque de 25 cámaras empresariales mendocinas ante el gobernador Alfredo Cornejo no es solo un documento de reclamos técnicos; es, en el fondo, la admisión de un diagnóstico que el sector productivo mendocino intentó postergar bajo el manto de la «esperanza». Si bien el documento no critica centralmente a la administración cornejista, sí lo observa como socio político de las máximas autoridades nacionales y saben que los puentes en esa relación aún están en pie.
Han pasado ya dos años y medio desde que las políticas económicas de la administración nacional de Javier Milei y Luis Caputo comenzaron a resetear las reglas del juego en la Argentina. Durante la primera mitad del partido, gran parte de estas entidades apostaron por el silencio o el acompañamiento expectante, convencidas de que el ajuste era “el peaje necesario” hacia una prosperidad que, para las PyMEs locales, parece no haber salido nunca de la terminal.
Hoy, el tono del reclamo es contundente: caída del consumo, asfixia por costos logísticos, presión impositiva y una parálisis de la obra pública que ha dejado a cientos de empresas al borde del abismo. Cabe preguntarse, entonces, si lo que estamos presenciando es el agotamiento genuino de la paciencia o si, finalmente, la realidad se impuso sobre el dogma. El pedido de frenar embargos por 180 días y de aliviar la carga energética suena a una medida de emergencia para un paciente que ya entró en terapia intensiva. ¿No llegaron demasiado tarde a la mesa de las advertencias?
Muchos de los firmantes de esta nota fueron, en su momento, los principales promotores de un cambio que prometía liberar las fuerzas productivas, pero que en el camino terminó encareciendo la energía a niveles inviables y secando la plaza de liquidez. Mientras el discurso oficial en Buenos Aires celebra superávits y equilibrios macroeconómicos, la mayoría de las persianas en Mendoza sufren el impacto de una microeconomía que no encuentra piso. La pregunta que flota en el aire es si este frente común de cámaras busca realmente un cambio de rumbo o si es apenas un intento desesperado por salvar los restos de un naufragio.
Gobernar es priorizar, y las cámaras ahora le exigen a Cornejo que priorice la infraestructura de pequeña escala y el alivio fiscal. El problema es que el margen de maniobra de la provincia es cada vez más estrecho en un esquema nacional que no admite matices regionales. Este «despertar» empresario llega cuando el tejido social ya acusa recibo del deterioro y cuando las PyMEs ya han quemado sus últimas reservas. El tiempo dirá si este reclamo logra torcer el brazo de la gestión o si quedará registrado como el lamento tardío de quienes, por apostar a una esperanza abstracta, terminaron perdiendo el contacto con la realidad de sus propios galpones.







