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  • El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos.| Pitágoras

lunes 27, de junio , 2022

¡Paremos la mano!
La violencia volvió a exhibir
su más cruel versión

Un video grabado a la salida del boliche “Plan B” en Las Paredes, mostró cómo un grupo de jóvenes protagonizó una violenta y salvaje pelea durante la madrugada del domingo.
Si bien el material es de corta duración, en el mismo se observa más de un foco de conflicto y permite vislumbrar que “de milagro” la situación no desencadenó en un suceso fatal.
Las crudas imágenes exhibieron a parte de los contendientes acercándose peligrosamente a la ruta nacional 143 por donde transitaba un camión cuyo conductor se vio obligado a reducir la velocidad. En paralelo, un chico en el suelo recibiendo brutales patadas en su espalda y cabeza, por parte de un agresor totalmente fuera de sí y ciego de violencia.
Lo que vimos en un puñado de segundos es una realidad que lamentablemente es moneda corriente entre los jóvenes y que cobra fuerza en la nocturnidad, alimentada por el consumo excesivo de alcohol y otras sustancias. Pasa aquí y pasa allá.
Los antecedentes fatales que tienen este tipo de enfrentamientos evidentemente no generaron un escarmiento en muchos jóvenes que apelan a la violencia ante alguna diferencia que jamás justificará semejante acción.
Aquí y allá, como indicamos antes. A los sanrafaelinos todavía nos duele el brutal asesinato de Gastón López, producto de un botellazo en la cabeza que recibió en el interior de un boliche. La vida de un chico de apenas 17 años se apagó después de una tremenda agresión de Rodrigo Galán, quien pagó con cárcel por esa acción generó una profunda consternación en nuestra sociedad.
Todavía tenemos en la mente el tremendo ataque con un hierro que sufrió Esteban Soto, un joven de apenas 18 años que oficiaba de sereno en el Paseo Luis Huerta y, por defender a una joven de un acto de violencia de género, terminó siendo golpeado con un hierro en la cabeza. Sobrevivió, pero las secuelas en su sistema nervioso perdurarán por siempre.
Y cuando hablamos “de allá”, como no referirnos al triste asesinato de Fernando Báez Sosa en la puerta de un boliche en Villa Gesell. Lo mataron a golpes en la cabeza y distintas partes del cuerpo. Sus agresores actuaron en patota y tras terminar con su vida se fueron a comer hamburguesas a una casa de comidas rápidas. Y tampoco tuvieron piedad en endilgarle el crimen a un joven inocente de Zárate que ni siquiera estaba en la costa atlántica cuando sucedió el crimen.
Ante tamaños antecedentes que han conmovido a la opinión pública en nuestra región y el país en general, duele seguir conociendo sucesos violentos que podrían haber terminado de la misma forma que el caso Gastón López o el mismo Fernando Báez Sosa. No existe – al menos en el corto plazo – una solución a un problema gravísimo y que requiere de la intervención del Estado a través de sus diferentes herramientas pero también de la comunidad en general.
Lo que está en análisis en este artículo es una situación por demás compleja, que en el medio tiene drogas, alcohol y una clara muestra de desamparo y falta de contención que se traducen en trompadas, patadas o agresiones con cualquier objeto contundente que esté al alcance de quienes protagonizan tan viles sucesos.

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