Agustín Etchebarne, director general de la Fundación Libertad y Progreso, analizó la compleja coyuntura económica del país, marcada por la lucha contra la inflación, la persistencia de la pobreza estructural y una reactivación que asoma con disparidad regional. Según el economista libertario, el gobierno de Javier Milei ha logrado hitos macroeconómicos como el superávit fiscal y la baja de tasas de interés, pero aún enfrenta el reto de convencer a los propios argentinos de que saquen sus ahorros «del colchón» para invertirlos en el desarrollo nacional. «Comprar credibilidad es difícil, pero mantener el rumbo es la única forma de conseguirla», afirmó en diálogo con FM Vos 94.5.
Etchebarne señaló que, si bien según la medición del INDEC se observó una mejora en los índices de pobreza hacia fines del año pasado gracias a la desaceleración inflacionaria, la tendencia actual obliga a mirar más allá de los ingresos mensuales. «La inflación es clave porque es un impuesto a los más pobres; cuando se reduce, se siente una mejoría inmediata. El gobierno ha hecho un ajuste muy fuerte que hoy sufre la clase media, especialmente en el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) por el retiro de subsidios, pero compensó reforzando la AUH y la Tarjeta Alimentar por encima de la inflación. Sin embargo, lo que más nos preocupa es la pobreza estructural. Eso no se cambia solo con dinero; involucra educación, cultura y un tejido social dañado por el narcotráfico y la fragmentación familiar. Es un problema mucho más complejo de resolver que la pobreza monetaria», diferenció al inicio de la nota.
Tasas de interés y el cambio de tendencia en la economía
Más adelante, el economista analizó detalladamente el comportamiento de las tasas de interés y su impacto directo tanto en el consumo cotidiano como en la estabilidad del dólar durante el último ciclo económico.
Al recordar el shock del año pasado, Etchebarne explicó la estrategia de «secar la plaza» de pesos para contener la divisa. «El gobierno subió las tasas al 70% anual. Con una inflación que rondaba el 30%, nos encontrábamos con un 40% de tasa real; una medida extrema que, si bien frenó la actividad económica, cumplió el objetivo de evitar que el tipo de cambio se disparara hacia los 3.000 pesos», rememoró.
En contraste, describió la situación actual como un escenario de mayor distensión financiera que busca motorizar el mercado interno. «Hoy las tasas han bajado al 24%, lo que frente a la inflación vigente representa tasas negativas. Con un tipo de cambio tranquilo, esto permite que la economía comience a moverse nuevamente. Estamos transitando el camino inverso al año pasado: con la inflación en descenso y una reactivación que ya empieza a percibirse en los indicadores», opinó el director de Libertad y Progreso.

Una reactivación a dos velocidades: el campo versus el AMBA
Según su punto de vista, la recuperación económica no será uniforme en todo el territorio nacional, dependiendo fuertemente de los sectores productivos de cada región. «A partir de este mismo mes la economía se reactiva gracias al campo y la cosecha gruesa, que impacta directamente en el 30% de la actividad nacional. Veremos provincias que son un boom por la minería, como Salta o San Juan, o por la energía como Neuquén. Pero esto tarda más en llegar al Conurbano o al AMBA, donde el comercio, la industria y la construcción están más golpeados por la caída del consumo privado y la mora en las tarjetas de crédito», examinó.
«Calculamos que la gente tarda entre 9 y 12 meses en absorber estos shocks de deuda; recién en el último trimestre de este año el consumo debería mostrar una cara mucho mejor», estimó.
Credibilidad y capitalismo popular
Para el entrevistado, el principal obstáculo para alcanzar un crecimiento sostenido no radica en la falta de divisas, sino en la desconfianza histórica que los ciudadanos mantienen hacia el sistema institucional.
En relación con los dólares en el colchón, el economista brindó una cifra reveladora sobre la fuga de ahorros internos. «Los argentinos compraron 31.000 millones de dólares en el último año. Ese dinero no sale del circuito informal por falta de credibilidad, no solo hacia el gobierno nacional, sino hacia todo el sistema político en su conjunto. Si los gobiernos provinciales y municipales hicieran el mismo esfuerzo de ajuste que el Ejecutivo Nacional para aliviar al sector privado, la confianza de los inversores aumentaría», coincidió.
Como alternativa para fomentar la inversión en Argentina, destacó iniciativas que acerquen el mercado de capitales al ciudadano común. «Me parece extraordinaria la posibilidad de que se puedan comprar acciones de YPF en las propias estaciones de servicio; eso es capitalismo popular. En lugar de sacar el dinero del país, es una invitación a invertir en una empresa que hoy es exportadora neta de energía y que tiene el potencial de duplicar su valor en pocos años. Argentina está muy bien posicionada para lo que viene, solo falta que nosotros mismos volvamos a creer en nuestro potencial y apostemos por el desarrollo local», lanzó.
Superávit y ajuste fiscal
El experto defendió el mantenimiento del rumbo macroeconómico y comparó la situación de deuda de Argentina con el resto del mundo. «El riesgo país cayó de 2.600 a 500 puntos, pero debería estar en 150 como Uruguay o Chile. Tenemos superávit fiscal y una deuda que ronda el 65% del PBI, cifras que no son malas comparadas con el mundo», dijo a modo de ejemplo.
«El Gobierno Nacional bajó el gasto público un 25% y eliminó o redujo más de 14 impuestos, como el Impuesto PAIS y retenciones regionales. Si logramos que la política entienda que hay que aliviar al sector privado para que invierta, el futuro de Argentina es muy promisorio», aventuró al cierre de la conversación.







