Liviano, práctico y barato. Esta combinación de propiedades del plástico hizo que el mundo adoptara el material en forma masiva. Se estima que en el último medio siglo, a nivel global, se fabricó más plástico que en toda la historia de la humanidad.
Fue en los años 50 cuando su uso comenzó a crecer en forma exponencial, hasta llegar al mundo de hoy con la omnipresencia de estos materiales que se encuentra por doquier, incluso en los lugares menos esperados, generando una contaminación que no registra antecedentes en la historia del planeta. Microscópicas partículas plásticas se han encontrado en todos los rincones de la Tierra y hasta en muestras de sangre humana. En efecto, a principios de este año un grupo de investigadores de la Universidad Vrije, con sede en Ámsterdam, llevó a cabo un estudio que se basó en el análisis de sangre aportada por 22 donantes voluntarios. El resultado dejó boquiabierto a más de uno: en 17 de las 22 muestras se hallaron restos de microscópicas partículas de plásticos.
En 2019, otro hallazgo encendió las alarmas de la comunidad científica internacional, cuando investigadores de la Universidad de Coimbra, Portugal, encontraron microplásticos en la cadena alimentaria de los pingüinos que habitan en la Antártida. Partículas similares se habían hallado antes en la Fosa de las Marianas, a 10.935 metros de profundidad y también en el monte Everest, a más de 8.400 metros sobre el nivel del mar.
Como se dijo, lo que en un primer momento fue una solución para múltiples necesidades del mundo moderno a esta altura de los acontecimientos se ha convertido en un serio problema ambiental y también en peligro para la salud de las personas. Lo sabemos los sanrafaelinos cuando vemos, por caso, botellas o bolsas en nuestros canales, acequias y casi todos los rincones de nuestro departamento. Lo que lleva a pensar una cosa más: esos elementos siempre son arrojados a la vía pública por uno de nosotros.




