“Antes bajaba gente de Córdoba a comprar chivos, pero hoy casi no vienen. Entrar treinta o cuarenta kilómetros a un puesto se hace muy caro y cuando llegan, el chivo vale muy poco”, ese es el relato de Ernesto, productor del puesto Los Pejecitos en Punta del Agua.
La realidad de la ganadería caprina es compleja en todo el sur provincial. Grandes distancias, caminos de suelo natural y una producción que es difícil.
En territorio puntalagüino más aún por las carencias de infraestructura y el aislamiento geográfico que sufre el distrito. Se acentúa más durante el verano durante la época de tormentas, ya que las grandes precipitaciones generan aún más daños en los trazados, quedando -incluso- por momentos sin poder acceder.
Algo que también los complica es la ausencia de “veranadas”. En zonas cercanas a la montaña como Malargüe o El Sosneado los productores se trasladan con sus piños a la zona alta en busca de mejores pasturas, en Punta del Agua el pastoreo es el mismo durante todo el año, sin períodos de recuperación del campo.
El otro problema significativo es la dificultad de conseguir las guías sanitarias que se gestionan por la Dirección de Ganadería. “Para sacar una guía tenemos que viajar casi noventa kilómetros. Muchas veces el viaje sale más caro que la guía misma”, expresó.







