El debate sobre la conectividad internacional del sur mendocino ha ingresado en una fase de definiciones urgentes, donde la retórica de los discursos oficiales demasiadas veces choca de manera frontal con las demandas materiales de un entramado productivo que ya no tolera dilaciones.
La reciente articulación de las pymes locales, orientada a incorporar tecnología y reconfigurar sus esquemas logísticos para capear la recesión económica en este año 2026, viene acompañada de una presión gremial y empresarial legítima: la exigencia definitiva de habilitar el Paso Pehuenche para todo tipo de cargas. Esta necesidad no constituye un reclamo sectorial ni una aspiración parroquial; es una prioridad geopolítica de supervivencia para San Rafael, General Alvear y Malargüe.
La infraestructura estratégica del sur de la provincia arrastra una histórica fisonomía de desatención por parte de los sucesivos gobiernos de la provincia y de la Nación. El caso del Paso Las Leñas permanece en la memoria colectiva como el monumento perfecto a la desidia y a las promesas rotas; un proyecto de túnel de baja altura técnicamente óptimo, sistemáticamente cajoneado en los escritorios de la Capital Federal y de la ciudad de Mendoza para privilegiar el embudo logístico del Paso Cristo Redentor. La comunidad del oasis sur no puede permitir que con el Paso Pehuenche se repita ese mismo libreto de postergación centralista. A diferencia de Las Leñas, Pehuenche es una realidad ya pavimentada que solo requiere de decisión política, convenios aduaneros binacionales eficientes y la consolidación de la infraestructura de servicios para operar a pleno rendimiento.
Condenar al Paso Pehuenche a la categoría de ruta turística estacional es una decisión política que asfixia el desarrollo del sur de Mendoza.
La habilitación del cruce internacional para el transporte de carga pesada es el eslabón indispensable para dar sentido y viabilidad al proyectado Parque Industrial y a las zonas aduaneras de la región. De nada sirven las inversiones tecnológicas en las pymes locales o el esfuerzo de los productores por diversificar sus mercados si el corredor bioceánico real sigue bloqueado por trabas burocráticas o por la falta de inversión en los centros de control fronterizo. Potenciar el sur mendocino exige entender que la descentralización económica de la provincia no es una concesión graciosa, sino una necesidad para equilibrar una matriz productiva que hoy se encuentra peligrosamente concentrada en el norte de Mendoza.
Garantizar la operatividad plena del Paso Pehuenche es el único camino para romper el aislamiento logístico y dotar a nuestras empresas de una salida competitiva hacia los puertos del Pacífico. La dirigencia política regional, sin distinción de banderas partidarias, debe abroquelarse en la defensa de este corredor estratégico.







