Se supone que la política es, entre otras cosas, una actividad que tiene como objetivo buscar consensos y administrar los conflictos. El fin de semana millones de argentinos que viven en los más distantes puntos del extenso territorio nacional estuvieron pendientes del clima de tensión que se vivió –y se vive- en el barrio porteño de Recoleta, donde se registraron duros enfrentamientos entre la policía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los seguidores de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
La polémica no parece cerca de ser superada: ayer, el juez Roberto Gallardo le ordenó al Gobierno porteño a cesar en el operativo policial que montó alrededor de la casa de la vicepresidenta; a su turno, el jefe de Gobierno porteño, Rodríguez Larreta, afirmó que mantendrá el operativo y que recusará al magistrado.
El historiador y filósofo israelí Yuval Noah Harari- decía que hay que «cooperar de manera flexible» para no llevar las cosas al borde del abismo, en un país que tiene graves problemas estructurales para resolver.
Acaso sea necesario recordar que para que la vida en democracia sea viable es necesario que los principales actores de la política no se aparten demasiado de ciertas reglas de juego, como aquella que establece que no se deben alimentar en forma permanente los conflictos y que se debe evitar siempre que las disputas llevadas a un extremo generen un escenario del que no se pueda volver.
Agregar incertidumbre en un escenario con pobreza, ajustes e inflación, solo puede beneficiar a unos pocos. La mayoría de la ciudadanía espera que la dirigencia política esté a la altura de los desafíos que plantea este momento de la vida nacional. Nuestra democracia superó los más variados obstáculos en un largo camino que confirmó la importancia de la intermediación política. Por eso, las reflexiones que se plantean aquí no deben interpretarse como una desvalorización del quehacer político, sino todo lo contrario. Deben entenderse como un llamado a actuar en forma razonable y a evitar enfrentamientos estériles, teniendo bien en claro cuáles son los límites que no se deben pasar para asegurar la paz social y la convivencia democrática.




