Más de veinte trabajadores rurales de distintas empresas del sur mendocino participan de un curso de capacitación como “Operarios de Riego”, una iniciativa conjunta entre INTA Rama Caída y la UTN San Rafael, con el aporte de empresas locales.
La propuesta busca profesionalizar a quienes día a día trabajan en el campo, brindándoles nuevas herramientas para mejorar la eficiencia hídrica, fortalecer la producción y acompañar la transición hacia sistemas más tecnificados.

Los participantes profundizan sobre riego por superficie y a manto, aforos de caudales o sistema suelo-agua-planta, clave para entender cómo se relacionan los factores que determinan el rendimiento agrícola y cómo aplicar ese conocimiento en la toma de decisiones al momento de regar.
También las prácticas en campo incluyeron experiencias con riego por pivote, un sistema que gana terreno en el oasis sur y que permite mayor uniformidad en la distribución del agua, ahorro del recurso y cobertura de grandes superficies.
ENTRE LA TRADICIÓN Y LA INNOVACIÓN
El riego en San Rafael sigue estando dominado por los métodos tradicionales. Según el último Censo Nacional Agrícola, el 80% de las tierras cultivadas (unas 23.300 hectáreas sobre un total de 28.800) utilizan riego a manto, una práctica histórica pero menos eficiente.

Si bien en las últimas décadas se avanzó en tecnificación, sobre todo con el riego por goteo —que hoy cubre unas 6.061 hectáreas—, todavía los altos costos de instalación son una barrera para pequeños y medianos productores. La aspersión alcanza a 578 hectáreas, la microaspersión a 11 y otros sistemas suman 297.
En el caso de los pivotes, aunque todavía incipiente, la experiencia en fincas sanrafaelinas muestra resultados prometedores en productividad y ahorro de agua, un recurso cada vez más escaso.
UN PASO HACIA LA EFICIENCIA
A nivel provincial, los números son similares: el 67% de la superficie irrigada se riega aún a manto y el 32% con sistemas tecnificados. En este contexto, la capacitación de trabajadores rurales aparece como un paso fundamental para achicar esa brecha y consolidar un modelo productivo más sustentable.
La apuesta a la formación no solo eleva el nivel de conocimiento de los trabajadores, sino que también acompaña a los productores en la búsqueda de soluciones que combinen tradición e innovación.







