La obra, titulada “Caminando Sueños”, reúne historias de su infancia en San Rafael, amistades, experiencias familiares y reflexiones sobre la fe y el paso del tiempo. La presentación será el viernes 30 de octubre en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria.
El ingeniero Roberto Battistón presentará su segundo libro, “Caminando Sueños”, una obra en la que reconstruye distintas etapas de su vida a través de recuerdos de infancia, personas que dejaron una huella en su camino y experiencias que contribuyeron a su formación personal. La actividad se realizará el viernes 30 de octubre, a las 20:30, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria (FCAI), con ingreso por Bernardo de Irigoyen. El encuentro contará con la participación del músico Daniel Lewin, quien acompañará la presentación con su bandoneón.
Durante su visita a los estudios de FM Vos (94.5), Battistón explicó que el libro representa una etapa de reflexión sobre su propia historia. Aunque su trayectoria profesional estuvo vinculada principalmente con la ingeniería, la docencia y la industria alimentaria, la escritura le permitió recuperar una inquietud que lo acompañó desde la niñez. “Es el segundo, y también es una etapa de reflexión de la vida plasmada en ese libro. Muy humildemente plasmada lo digo, porque yo tengo una formación técnica, una formación de un hombre que trabajó, si bien en la docencia, pero trabajé mucho en la industria también. Y bueno, a pesar de eso, mi niñez estaba conformada con ese algo que nos toca a algunas personas, como la música, los libros, la lectura”, relató.
La posibilidad de dedicar tiempo a la escritura llegó en otra etapa de su vida, cuando pudo detenerse a pensar en las experiencias acumuladas y transformarlas en relatos. Según explicó, “Caminando Sueños” presenta una sucesión de momentos que comienzan en sus primeros años y llegan hasta el presente.

En ese recorrido también aparece una reflexión sobre la formación universitaria y la necesidad de que las disciplinas técnicas mantengan un vínculo estrecho con el arte y la cultura. Battistón recordó especialmente su paso por el decanato, período durante el cual promovió distintas actividades culturales en la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria. “Yo promoví mucho cuando fui decano el desarrollo del arte y la cultura en la facultad. Siempre llené los espacios de ese tipo de actividades. Presentación de cuadros, presentación de libros, traíamos orquesta como la Sinfónica de Mendoza”, recordó.
Para el ingeniero, esa relación entre conocimiento y sensibilidad es fundamental, particularmente en la formación de los jóvenes. “Creo que precisamente hoy, más que nunca, hay que llenarle la vida a los jóvenes ingenieros, hay que llenarle el alma de estas cosas para que empecemos a pensar en un país más fraterno, más lleno de sentido y de ganas de vivir la vida de otra manera”, sostuvo.
Uno de los puntos de partida de “Caminando Sueños” es la infancia de Battistón en San Rafael. El relato comienza con sus padres y se detiene en la calle Francia al 50, lugar donde nació hace 71 años. A partir de esa referencia geográfica, reconstruye una ciudad de otras épocas, con sus espacios de encuentro, sus personajes y las experiencias cotidianas que quedaron grabadas en su memoria.
Entre esos recuerdos aparecen las visitas a LV4, ubicada en la esquina de Francia y Bernardo de Irigoyen. Junto con sus hermanos, cuando era niño concurría a escuchar radioteatros y a conocer a los locutores y artistas que formaban parte de la emisora. “Entonces éramos niños con mis hermanos e íbamos a los radioteatros y conocimos a los grandes locutores de entonces, Tito López, su hermana Carmencita, veíamos la guitarra de los hermanos Pereyra”, contó.
En ese mismo escenario de recuerdos aparece una figura que, con el paso de los años, alcanzaría una enorme trascendencia en la música popular argentina: Mercedes Sosa. Battistón recordó que, durante su infancia, una mujer de apellido Sosa caminaba habitualmente por la vereda de su casa y trabajaba en la emisora.
“En algunas ocasiones íbamos y estaba, y ella estaba y cantaba, pero en ese entonces no era la gran Mercedes Sosa que conocimos con el tiempo”, relató.
El libro también recupera los años vividos en las inmediaciones de las calles Saavedra y Salta, donde su familia se instaló posteriormente. Allí, el Club Saavedra tuvo un papel importante en su vida cotidiana, al convertirse en un espacio de encuentro con los amigos del barrio.
Battistón mencionó además a la Escuela Iaccarini y a la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria entre las instituciones que formaron parte de su historia. A esos lugares se suman personas que recuerda por su calidad humana, desde amistades entrañables hasta vecinos y otros habitantes de la ciudad con quienes compartió distintas experiencias. También hay lugar para historias de personas que vivían situaciones difíciles y que, de una u otra manera, se cruzaron en su camino.
“Es un libro donde está todo”, sintetizó al describir el contenido de la obra, que no pretende limitarse a los episodios más conocidos de su trayectoria, sino recuperar también aquellas vivencias que habitualmente permanecen en el ámbito privado.
La familia, la fe y las personas que dejaron huella
La dimensión personal ocupa un lugar central en “Caminando Sueños”. A diferencia de su primer libro, “Los Ángeles de mi Vida”, que estuvo dedicado a las personas que llegaron desde fuera de su círculo familiar y contribuyeron a su formación, esta nueva obra incorpora recuerdos vinculados con sus hijos y sus nietos.
Al recordar su primer trabajo, Battistón explicó que había querido reconocer a quienes lo acompañaron en distintas etapas y lo ayudaron a construir la persona que es hoy. También habló de sus orígenes humildes y de las dificultades que debió atravesar a lo largo de su vida. “Yo soy una persona feliz con lo que hice en mi vida, feliz con lo que me encontré en la vida, que no siempre fue fácil, que muchas veces fue duro, pero bueno, esas cosas son las cosas que tiene la vida”, expresó.
Esa mirada sobre el pasado está acompañada por una profunda fe religiosa. El autor explicó que esa convicción aparece en distintos pasajes del libro, especialmente al final de los relatos, cuando reflexiona sobre el paso del tiempo y la pérdida de personas cercanas. “Una de las cosas que visualizamos a esta altura de la vida, que espero que todavía me quede un buen rato más, es la visión del horizonte final, que empieza a estar a la vista”, señaló.
Battistón vinculó esa reflexión con la partida de amigos y seres queridos, pero también con la esperanza de volver a encontrarlos. “Tengo la convicción profunda de una eternidad, donde vamos a encontrarnos, donde vamos a esa felicidad plena, que además va a ser eterna”, afirmó.
La escritura aparece así como una forma de compartir recuerdos, agradecer los vínculos construidos y dejar testimonio de las experiencias que considera significativas. En ese sentido, el ingeniero aclaró que no persigue objetivos comerciales ni pretende presentarse como un escritor profesional.
“Está lleno de mí, es una parte de mi vida que se la entrego a la gente. No tengo ninguna intención de vender el libro y de ser un gran escritor, porque sé que no lo soy, pero bueno, le regalo eso a mi gente cercana y que lo puedan disfrutar”, manifestó.


