Marmolería Cano es un nombre conocido por su trayectoria de décadas. Fundada por la familia Cano, este comercio ha sido un referente en el rubro y ha visto cómo el paso del tiempo consolidó su prestigio en la ciudad. Sin embargo, este reconocimiento no ha evitado que el establecimiento sea víctima recurrente de robos, el más reciente de ellos ocurrido durante la madrugada del domingo en su taller ubicado en calle Sarmiento, antes de llegar a El Toledano.
“Tenemos un grupo de Whatsapp de vecinos que sintieron muchísimo ladrar de perro y me imaginé que algo podía estar pasando. En el taller no se trabaja los fines de semana”, relató Javier Cano, propietario del comercio, a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. A pesar de los sistemas de seguridad “bastante primitivos” que reconoce tener, no pudo evitar que los delincuentes ingresaran tras cortar una reja firme y sustrajeran herramientas clave para su trabajo diario. “Se llevaron todo lo que pudieron pasar por la ventana, desde destornilladores hasta herramientas específicas de marmolería. Lo único que quedó fue un compresor que no pudieron mover”, detalló.
El hecho, sin embargo, no sorprendió al comerciante. “No es la primera vez que pasa, y ya ni siquiera hago la denuncia porque pierdo tiempo y nunca recupero mis cosas”, expresó. Este sentimiento de resignación se mezcla con una actitud optimista que caracteriza a Cano. “Intento seguir trabajando como si nada hubiera pasado. Hay que patear la pelota para adelante y que sea lo que Dios quiera”, señaló.
Para el marmolero, los robos no solo representan una pérdida económica, sino también un desafío emocional y profesional. “Es muy triste porque algunas de las herramientas robadas son esenciales para trabajos específicos, como así también las bachas de los clientes. Ahora tengo que volver a comprarlas para cumplir con los pedidos. No puedo fallarles a las personas que confían en nosotros”, dijo.
A pesar de las dificultades, Cano mantiene una mirada irónica sobre las causas de estos actos delictivos. “Estos muchachos seguramente tienen más necesidades que yo, pero no tienen las oportunidades laborales o las ganas de trabajar. Son víctimas de la realidad que vivimos, aunque uno la enfrenta de una forma distinta”, reflexionó.
El taller de la calle Sarmiento es el espacio que Cano eligió para continuar el legado de su familia, mientras que su padre sigue trabajando en el histórico taller de calle Entre Ríos, cerca de Balloffet. La pasión por el oficio ha sido transmitida de generación en generación, y Javier no pierde la oportunidad de destacar la importancia de inculcar el valor del trabajo. “Gracias a Dios, mi familia me enseñó este oficio tan lindo. Lo que faltaría es que más gente tuviera ganas de aprender un oficio y trabajar, pero eso no pasa últimamente”, comentó.
Aunque los sistemas de seguridad en el taller son limitados, Cano asegura que su prioridad está en mantener el negocio en marcha más que en instalar medidas sofisticadas que no garantizan resultados. “Lo dejo todo a la vera de Dios, porque ya sé que, aunque refuerce las medidas, si quieren entrar lo van a hacer. Es la realidad”, afirmó con una mezcla de ironía y resignación.
Entre las pérdidas sufridas, a modo de humor Javier hizo referencia es su radio que confesó siempre tiene encendida en Fm Vos 94.5. “Me la llevaron también. Igual tengo otras prioridades antes de comprar una nueva”, expresó. “Espero que los ladrones gasten lo que se llevaron en algo útil como pastillas, drogas y vacunas”, agregó con ironía.
A pesar del panorama desalentador, el comerciante encuentra motivos para seguir adelante. “La gente nos sigue eligiendo, y eso es lo que nos estimula. Agradezco de corazón que confíen en nosotros a pesar de los contratiempos”, destacó.
Javier Cano se despidió con un mensaje esperanzador. “Les deseo a todos un feliz año nuevo, y espero que el próximo nos encuentre con el mismo entusiasmo que pusimos en este. Hay que seguir trabajando, pase lo que pase”, concluyó.







