Todos los días, cerca de las 7.30, procedente de El Algarrobal, Nadya Torres, llega con su moto hasta la puerta de Tribunales Federales. Allí prepara todo para que cerca de las 8 su clientela comience a disfrutar de un desayuno más que nutritivo.
“De lunes a viernes me levanto a las 4.30, preparo el café para unos diez termos y luego comienzo a hornear las tortas para que la gente pueda desayunar con algo calentito. Cerca de diez docenas cocino, además, hago un bizcochuelo y una pastafrola para los que prefieren algo dulce”, contó Nadya.
Esa rutina comenzó hace siete años, cuando la mujer se quedó sin trabajo y necesitaba mantener, en ese entonces, a dos hijos. Así fue como surgió “El sabor viaja en moto”.
“La desesperación por no tener para darle de comer a los chicos me llevó a trabajar en esto. Mi papá fue quien me motivó y pese a que me brindó muchas herramientas para hacerlo, al principio me resistía porque me daba vergüenza trabajar vendiendo café”, comentó.
De la vergüenza a la estabilidad
La historia de vida de Nadya no ha sido sencilla. A los 15 años fue madre por primera vez y tuvo que afrontar el desafío sola. Apoyada por su padre, sus compañeros y las autoridades de la escuela a la que asistía terminó sus estudios secundarios.
Pasó el tiempo, tuvo otro hijo y nuevamente sola afrontó el rol. Siempre trabajando pudo salir adelante y alimentar a los pequeños.
“Mi papá fue quien me motivó y también la desesperación para que a mis hijos no le faltara nada. Recuerdo que mi padre me aconsejó instalarme en la Bolsa de Comercio y a mi no me gustaba ese lugar. Pese a ello, fui y me fue muy mal. No vendía nada de nada”, relató.

Con el tiempo y siguiendo su intuición se trasladó hacia Tribunales Federales y allí las cosas cambiaron. “El primer día que llegué había una marcha. Temí que algo pudiera pasar, sin embargo, las cosas salieron a mi favor y ese día vendí los siete termos que había preparado”, contó.
Pasaron los meses y Nadya fue enamorándose de su nuevo oficio. La gente, que al principio no se acercaba por desconfianza, empezó a hacerlo y comenzó a funcionar el “de boca en boca”.
El amor en la puerta del trabajo
Mientras la vendedora relata su historia la gente no para de comprarle. Los colectiveros le tocan bocina para que les arrime su café y los que están de paso se detienen para degustar alguna de sus exquisiteces.

Así es casi todos los días. Tanto que no tiene tiempo para aburrirse, aunque sí para apostar al amor. Entre tantos clientes, un día apareció Emiliano, un efectivo policial que se desempeñaba en el lugar y con quien empezó una relación que perdura hasta la actualidad.
“Entre café y café empezamos a charlar, nos enamoramos y hoy somos padres de un nene de 1 año. Estamos muy bien y él hoy es mi sostén. Me ayuda un montón y me empuja a seguir apostando por mis sueños”, confesó.
La crisis, presente
Está claro que no todo es color de rosa en la vida de Nadya, la crisis que afronta el país también llegó a su negocio. De hecho tuvo que reducir la cantidad de termos que preparaba por día, de 15 a 10, la cantidad de tortas e idear estrategias para que la venta no se caiga.
“Consciente de la situación del país, he empezado a armar combos para que los clientes no dejen de desayunar. Por ello, un café grande con una torta lo vendo a 800 pesos y 700 pesos el vaso chico con una torta; la torta sola 200 pesos y el café solo (500 pesos el chico y 600 el grande). Son precios accesibles para que todos puedan comprar”, contó.

A la hora de hablar de las ventas, Nadya contó que depende el momento del mes suben o bajan. “Si la gente no ha cobrado sólo me compran las tortas y el café lo preparan en la oficina y cuando ya cobraron sí se llevan el combo, pero si antes compraban dos café ahora sólo uno”, relató.
Como no podía ser de otro modo, la vendedora también cuenta con su famosa libreta de fiados. “La llamo la lista negra y, por suerte, no son muchos los que allí figuran”, contó entre risas.
Fuente y fotos: Gentileza El Sol







