Se cumplen hoy tres años desde aquel 11 de enero de 2023 en que la imagen de Humberto Rodríguez (71) se vio por última vez en el distrito de El Nihuil. Tres años de una ausencia que desafía no solo al paso del tiempo, sino también a la capacidad de respuesta de un aparato judicial que, hasta el momento, no ha podido ofrecerle a su familia una respuesta certera sobre su paradero.
El caso se ha transformado en uno de los enigmas más perturbadores del sur mendocino. Aquel verano, Rodríguez salió de su vivienda y, a partir de allí, el rastro se desvaneció en la geografía árida y compleja de la zona. A pesar de los rastrillajes por tierra con canes especializados, las búsquedas acuáticas en el embalse y el despliegue de tecnología de drones, el resultado ha sido sistemáticamente el mismo: la nada absoluta.
Para la familia, estos mil noventa y cinco días han sido una transición dolorosa entre la esperanza y la exigencia de justicia. En diversas declaraciones recogidas por este diario a lo largo del proceso, sus hijos han mantenido una postura firme: Humberto no pudo haber desaparecido «por arte de magia». La crítica hacia la lentitud inicial de la instrucción y la falta de líneas investigativas que conduzcan a un desenlace concreto sigue siendo el motor de sus constantes movilizaciones.
La desaparición de Rodríguez no es solo un expediente judicial; es un recordatorio de la vulnerabilidad y de las deudas pendientes en materia de seguridad y búsqueda de personas en contextos rurales. La causa, que ha pasado por diferentes etapas y carátulas, parece hoy estancada en un laberinto de hipótesis que van desde un posible siniestro fortuito hasta intervenciones de terceros que nunca pudieron ser probadas.
Hoy, al cumplirse un nuevo aniversario, El Nihuil vuelve a ser el epicentro de un reclamo que se niega a quedar en el olvido. La familia Rodríguez sigue pidiendo lo que cualquier ciudadano merece: la verdad. Mientras tanto, el rostro de Humberto en los carteles de búsqueda continúa interpelando a una sociedad y a una justicia que aún no logra darle un cierre a esta historia de incertidumbre.
La memoria de Humberto Rodríguez sigue viva en el pedido de sus seres queridos, quienes hoy, más que nunca, repiten la misma pregunta que hace tres años: ¿Dónde está Humberto?







