La denominada “Revolución de Mayo”, que tuvo un momento definitorio el 25 de Mayo de 1810, fue la chispa inicial para concretar -seis años después- la independencia definitiva de las Provincias Unidas del Río de La Plata de la corona española y dar, así, los primeros pasos de lo que luego sería la República Argentina como nación soberana.
Las causas de aquel movimiento revolucionario y patriótico fueron de lo más diversas: desde las ideas críticas a la monarquía germinadas durante la Revolución Francesa, la debilidad de la corona española ante la invasión napoleónica, hasta el sentimiento patriótico de muchos habitantes del Buenos Aires de entonces y el impulso de confianza militar que deparó la victoria de las milicias locales frente a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, entre otras.
A 210 años de aquellos días de mayo de 1810, hoy los argentinos nos encontramos ante otro desafío histórico: atravesar una pandemia. Ni más ni menos.
A los permanente y casi siempre negativos vaivenes y desencuentros políticos, económicos y sociales que caracterizan a nuestro país, hoy se suma la inédita e inconvenientemente desconocida coyuntura que impone una enfermedad como la que produce un virus que se extendió a lo largo y ancho del planeta y nos colocó en esta penosa instancia.
Hasta antes del arribo del tristemente célebre virus, la cuenta nos daba negativa a la hora de evaluar si habíamos podido o no concretar efectiva y prácticamente la idea de ser un país soberano e inclusivo como soñaron los “Hombres de Mayo”. Hoy, el reto de serlo es aún más complejo y exigente.
En cada fecha patria como esta, y más allá de estos días particularmente difíciles, la esperanza se renueva casi como una utopía. El trabajo de todos los argentinos seguirá siendo arduo y seguramente deberá modificarse en muchos aspectos para poder concretar y mantener a lo largo de los años la altruista intención insoslayable de aquellos «héroes de Mayo». Quizás hoy nos toque a nosotros asumir ese papel.




