La problemática del ausentismo escolar suele pasar desapercibida para quienes no conviven con el sistema educativo, pero representa una preocupación constante dentro de las instituciones. En ese marco, la Escuela Secundaria José “Tico” Russo, ubicada en el barrio Pueblo Diamante, implementó un plan innovador para disminuir las faltas a clase, que ya muestra resultados concretos y promisorios.
Según explicó la directora Andrea Rojo, el proyecto surgió a partir de un diagnóstico interno: “Nosotros tenemos 100 alumnos, 101, 102 aproximadamente cada año, y de esos 100 alumnos diariamente faltaban 20, entonces era un porcentaje muy alto en inasistencias diarias”. La situación motivó a revisar herramientas disponibles y retomar una propuesta que la propia directora había elaborado en 2018, al rendir su concurso para acceder al cargo directivo.
La iniciativa incluyó la confección de un mapa georreferencial con las direcciones del alumnado, lo que permitió identificar que la mayoría vive cerca del edificio escolar. “Dijimos: están cerca de la escuela y faltan muchos. Bueno, teniendo esas evidencias en mano, dijimos cómo lo solucionamos”, relató Rojo.
El plan fue debatido con el equipo docente y, tras superar ciertas resistencias iniciales, comenzó a aplicarse en 2023. Se basa en el otorgamiento de premios a quienes asisten a clases de forma constante durante dos semanas. Las recompensas se vinculan directamente con el proyecto pedagógico: los estudiantes pueden elegir entre un vale de mil pesos para comprar guías impresas —material obligatorio en la escuela— o la posibilidad de sumar un punto extra en una nota de proceso.
La directora detalló: “Estas guías tienen un costo, entonces también si el alumno accede a su asistencia completa por dos semanas, estos mil pesos le alcanzan para comprar dos guías, por ejemplo. Entonces está todo relacionado al proyecto pedagógico de la escuela”. En cuanto a la alternativa del punto extra, aclaró que “no es en notas de evaluación, pero sí en notas de proceso”. La decisión queda en manos del estudiante, quien puede seleccionar en qué actividad desea mejorar su calificación. “Ese vale, se corta, el profesor se deja una parte y el alumno tiene la otra por si hay algún después malentendido o demás”, indicó.
Uno de los pilares conceptuales del proyecto es fomentar la metacognición, es decir, la capacidad del estudiante para reflexionar sobre su propio proceso de aprendizaje. “El alumno así puede mirar su proceso, porque él para decidir en qué espacio va a sumar un punto, tiene que conocer sus notas de proceso y eso se llama metacognición”, señaló Rojo, y agregó: “Como siempre en educación, lo que uno hace no impacta en una sola meta que uno tenga, siempre también impacta en otras cuestiones, porque el acto educativo implica muchas cosas”.
Además del enfoque pedagógico, se contempla el contexto socioeconómico de las familias: “Puede ganarse el dinero para las guías sin que sea una exigencia para los padres, cumpliendo”, explicó la directora, quien también subrayó el acompañamiento que reciben los alumnos para mejorar sus notas.
Gracias a la implementación de esta estrategia, las inasistencias se redujeron de 20 a 13 por día, lo que representa una mejora cercana al 40 por ciento. “Dio resultado porque los chicos también fue un aprendizaje la aplicación del mismo”, celebró Rojo.
El proyecto fue debidamente presentado ante las autoridades de supervisión y se sustenta tanto en la teoría del refuerzo positivo como en la neurociencia educativa. “Yo sé que es como un refuerzo, esas teorías del refuerzo positivo están un poco ahora como obsoletas pero también nuestro fundamento en el proyecto es que el alumno así puede mirar su proceso y también desde la ayuda económica para el contexto vulnerable”, afirmó.
El compromiso con la mejora educativa también se refleja en otras medidas adoptadas por la escuela. Entre ellas, la restricción del uso de teléfonos celulares durante el horario escolar. “Este año hemos implementado los celulares que han guardados en cajas bajo llave, no hay celulares en el aula, porque es un gran distractor”, indicó. La decisión se ampara en la legislación vigente, que permite su uso solo con fines pedagógicos. “Los fines pedagógicos no son siempre, no son todos los días, ni en todas las clases del mismo profesor”, aclaró.
La comunidad educativa acompañó firmemente esta decisión. “Los padres nos apoyan siempre, digo por lo general porque siempre hay uno o dos que se quejan pero los padres nos han apoyado el 100 por ciento, no han dicho nada y los chicos también lo han entendido. Yo creo que hasta se han liberado en cierta manera”.
Con estas acciones, la Escuela José “Tico” Russo busca fortalecer la calidad educativa en un entorno en el que el compromiso, la creatividad y la participación conjunta entre docentes, alumnos y familias son herramientas claves para transformar la realidad.







