La llamada “lengua norte” de Vaca Muerta, la prolongación de la famosa formación hidrocarburífera neuquina hacia el sur de Mendoza, asoma como una de las grandes cartas de futuro para la región. Pero, junto con las expectativas, también expone las deudas de infraestructura y conectividad que arrastra el territorio.
Se estima que alrededor del 25% de la superficie total de Vaca Muerta se extiende en Mendoza.
En números, la formación completa abarca unos 36.000 kilómetros cuadrados entre Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza, de los cuales 8.700 km² corresponden a la provincia.

A diferencia del corazón neuquino, conocido principalmente por su riqueza en gas, el tramo mendocino es más petrolero: allí predominan los recursos de crudo, con capacidad para cubrir la demanda local durante las próximas cinco décadas y, además, generar saldos exportables.
Los estudios geológicos hablan de recursos estimados en más de 8 mil millones de metros cúbicos de petróleo en la porción mendocina de la formación.
De ese volumen, podrían recuperarse unos 238 millones de metros cúbicos, equivalentes a más de 50 años de la producción anual actual de la provincia. En otras palabras, si la “lengua norte” se desarrolla, la explotación de la cuenca al norte del río Colorado tiene el potencial de garantizar el abastecimiento interno y abrir una nueva ventana exportadora.
LA UBICACIÓN
En términos geográficos, la mayor parte de Vaca Muerta en Mendoza se encuentra en Malargüe, aunque la franja geológica también pasa por la alta montaña de San Rafael y deja una pequeña “cola” en la zona de San Carlos.
Dentro de ese mapa aparecen áreas petroleras en San Rafael como Vega Grande, Río Atuel y El Sosneado, todas ubicadas en la alta montaña del departamento.

Según el portal oficial “Invertir en Mendoza”, hoy hay dos zonas de la Vaca Muerta mendocina en etapa de exploración: Paso Bardas Norte y CN VII A.
En Malargüe, varias áreas dentro del polígono de la formación ya están concesionadas —como Cañadón Amarillo, Payún Oeste, Cerro Mollar o La Brea—, mientras que otras, como Calmuco o Ranquil Norte, todavía se encuentran disponibles para futuros desarrollos.
LA APUESTA AL DESARROLLO
El gobernador Alfredo Cornejo resumió la estrategia provincial con una frase que grafica el momento: “Nosotros estamos tratando de restablecer la actividad petrolera convencional con nuevas concesiones, con nuevas licitaciones, con reconversión de las que tenía YPF tratando de que las tomen otras empresas que inviertan en convencional y tratando de desarrollar la lengua norte de Vaca Muerta que tiene no convencional”.
El mandatario reconoció, además, que los frutos de esta apuesta se verán “en el mediano y largo plazo”.
UN CUELLO DE BOTELLA
Si el potencial hidrocarburífero pinta un horizonte prometedor, la realidad de la conectividad en el sur mendocino muestra el lado B de la historia. Hoy la región aparece lejos y, sobre todo, desconectada.
Los caminos están entre los principales limitantes. La traza de la Ruta Nacional 40 Sur hacia Neuquén aún no está completa: restan alrededor de 100 kilómetros entre Bardas Blancas y Ranquil Norte, un tramo clave para cerrar el corredor natural que uniría Mendoza con el resto de la Patagonia.

A esto se le suman otros caminos olvidados, como la Ruta 180 —que conecta El Nihuil con el límite neuquino— o la Ruta 186, que vincula Malargüe con Agua Escondida. Son tramos estratégicos no solo para la industria petrolera, sino también para el movimiento de insumos, y servicios.
El cuadro se completa con dos grandes asignaturas pendientes: la falta de ferrocarril y la necesidad de consolidar los pasos fronterizos con Chile, como la puesta en valor del Pehuenche y el desarrollo de Las Leñas.
LA LENGUA NORTE QUE ILUSIONA AL SUR
La “lengua norte” de Vaca Muerta no es solo una franja geológica en los mapas de los geólogos o de las empresas petroleras. Es, sobre todo, una oportunidad para Malargüe y San Rafael: un posible motor de inversión, empleo y diversificación productiva.
El desafío, ahora, es transformar esa promesa en realidad mediante infraestructura, planificación y una estrategia de desarrollo que combine recursos energéticos, cuidado ambiental y beneficios concretos para las comunidades del sur mendocino.







