El 15 de diciembre de 2020 la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió proclamar el 4 de febrero como el Día Internacional de la Fraternidad Humana, que se celebrará cada año a partir de hoy.
Quizás como en muy pocos otros momentos, la humanidad –atravesada por la pandemia– requiere hoy de una actuación de sus integrantes basada indefectiblemente en la unidad, la solidaridad y la cooperación multilateral renovada.
Son la tolerancia, la tradición pluralista, el respeto mutuo y la diversidad de opiniones los que promueven la fraternidad humana. Por tanto, son necesarias actividades que motiven el diálogo entre los seres humanos para aumentar la paz y la estabilidad social, el respeto por la diversidad y el respeto mutuo, y para crear –a nivel mundial y también regional, nacional y local– un entorno que propicie la paz y la comprensión mutua.
Es de vital importancia, en este y en todos los días, la transmisión y aplicación de valores para ser cada día mejores individuos, con un efecto multiplicador que impacte en toda la humanidad. De esta manera contribuiremos a promover valores de inclusión equidad, justicia y libertad en el actual contexto social, político y económico de las sociedades y naciones del mundo, observando marcadas diferencias que derivan en acciones de terrorismo, guerra, extremismo religioso y político y desigualdad social.
En la Argentina, el fanatismo tiñe una parte importante de nuestras actuaciones y opiniones diarias, las cuales así pierden de vista que la fraternidad es un valor fundamental, siendo un derecho y un deber inexcusables. Aceptar, valorar y hasta estimar a quien es o piensa diferente es el primer paso para construir una sociedad más justa e inclusiva. El camino recorrido hasta aquí pareciera ir, lamentablemente, en sentido contrario. Quizás la conmemoración de esta jornada constituya una posibilidad para internalizar la idea de que solo la fraternidad y el apoyo conjunto nos llevarán a ser mejores seres humanos y a construir un mundo mejor.




