Suponiendo que la promocionada baja de la inflación se extienda en el tiempo, el desafío más urgente que tendrá la administración libertaria –además de recuperar el poder adquisitivo de la gente- será intentar volver a empoderar al sector de las pequeñas y medianas empresas. Estas usinas generadoras del 70% del trabajo y de una porción importante del producto bruto nacional atraviesan desde hace décadas -pero en los últimos años (y este) con particular profundidad- dificultades que, muchas veces, han llevado a su desaparición.
Este contexto preocupa sobremanera a los empresarios comerciales, industriales y de servicios de todas las regiones del país que observan la falta de medidas concretas para revertir la caída de la demanda.
Tiempo atrás, un informe de la consultora Analogías alertaba sobre el rumbo económico nacional, señalando entonces que la política de apertura a las importaciones, la devaluación y las políticas tendientes a la contracción económica tanto en términos de gasto público como de política monetaria, estaban afectando negativamente al nivel de actividad económica y, en particular, a la industria.
La caída de las ventas, la suba de los costos a partir del alza de las tarifas y la competencia con los productos importados son algunos de los factores que están poniendo «contra las cuerdas» a las pequeñas y medianas empresas.
Para este sector, la situación es crítica: advierten por el cierre de miles de empresas en seis meses y temen que -si la recesión económica se extiende- se pierdan muchas más antes de fin de año. Según la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales para el Desarrollo Argentino, desde que asumió Milei ya han bajado sus cortinas unas 12.000 pymes. El último “pymecidio” ocurrió durante el macrismo, cuando cerraron 25.000. Ahora, vamos peor…
Como decíamos al comienzo, será clave en los próximos meses y años recuperar el tejido productivo, apuntalando el trabajo de las pymes con medidas que permitan retomar la senda del crecimiento.




