La convivencia comunitaria depende indefectiblemente para su viabilidad del aporte de sus protagonistas. Esto es, quienes aceptamos vivir en sociedad contamos con los derechos y beneficios que esa organización nos otorga, pero –a la vez- asumimos obligaciones que son las que permiten que el resto de la comunidad ejerza sus propias prerrogativas y que, en definitiva, la convivencia resulte pacífica y armónica.
En este sentido, quienes no cumplen con las obligaciones son (o deberían ser) sancionados por los diferentes cuerpos normativos con el objetivo de que sus conductas tiendan nuevamente al perseguido bien común.
Un fenómeno se observa con preocupante asiduidad en nuestra comunidad (algo que seguramente se repite en otras) y es que muchos de sus integrantes parecieran observar solo la mitad de ese “pacto social” al que referíamos en el comienzo. Muchos de nosotros, con actitudes muy extendidas o en pequeñas situaciones diarias, pretendemos ejercer nuestros derechos a veces en forma ilimitada y dejar de lado, interesadamente, nuestras obligaciones.
Es así como puede observarse sanrafaelinos sacando basura y arrojándola en la vía pública o en el lote de un vecino o frente a una plaza (“total, eso no es de nadie”), sanrafaelinos estacionando en espacios reservados para discapacitados o parando en doble fila por no caminar un par de cuadras o pasar un semáforo en rojo porque “voy apurado”. Así, miles de ejemplos más podríamos mencionar donde la búsqueda de una ventaja personal hace que el bien común sea una utopía solo para los discursos.
La otra parte del fenómeno es la responsabilización que hacemos de “los otros” a la hora de evaluar nuestras falencias. De las inconductas mencionadas, siempre la culpabilidad estará en cabeza de otro, siempre habrá alguien más que “también lo hace” como si esa circunstancia nos exonerara de las propias responsabilidades.
Las comunidades dependen, como dijimos y por definición, de sus integrantes. Sin esas contribuciones, no somos más que un conjunto de voluntades desorganizadas donde el progreso y el desarrollo son apenas conceptos impracticados.




