La producción de peras y manzanas en la provincia atraviesa una crisis que ha diezmado sus hectáreas cultivadas y pulverizado sus cifras de exportación. Carlos Dávila, presidente de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo (CIAT) de Tunuyán, analiza las razones de este retroceso y advierte sobre el impacto devastador en la economía real del Valle de Uco. «Perdimos la fortaleza en una de las frutas más consumidas del mundo», lamentó en diálogo con FM Vos 94.5.
Los datos son contundentes: mientras que en 2008 Mendoza exportaba 71 millones de dólares en peras y 37 millones en manzanas, el año pasado las cifras apenas alcanzaron los 32 y 6,5 millones respectivamente. «La foto es reveladora de lo que le pasó al sector en el Valle de Uco, una actividad que fue de las que más gravitó en el desarrollo de la zona. Hoy está reducida a la mínima expresión. De manzana no deben quedar más de mil hectáreas y de pera seguramente la mitad de eso. Se perdió una actividad que generaba un círculo virtuoso: logística, galpones de empaque, aserraderos y frigoríficos», explicó Dávila ni bien arrancó la charla.
«Muchas de esas tierras mutaron a la vitivinicultura o frutos secos, pero es lamentable porque la manzana es la fruta más consumida en el mundo después de la banana y nosotros perdimos esa fortaleza», añadió.
La pérdida de la «primicia» y el mercado brasileño
Históricamente, Mendoza contó con una ventaja estratégica natural que le permitía posicionarse con antelación en los mercados internacionales, un nicho de mercado que hoy parece haberse desvanecido casi por completo.
La ventaja comparativa de la región se basaba en los tiempos de maduración locales, que permitían a los productores mendocinos llegar a las góndolas antes que otras zonas competidoras. «Mendoza tiene momentos de cosecha que permiten salir con primicia. Eso era una fortaleza enorme para llegar a mercados como Brasil, que absorbe casi el 50% de nuestras pomáceas. Lamentablemente, esa posibilidad de entrar antes que el Alto Valle de Río Negro se dilapidó por la falta de inversión y políticas de sostenimiento», expuso Carlos Dávila.
Respecto al rol de la Argentina como uno de los actores globales en este rubro, el titular de la CIAT señaló la disparidad entre el potencial nacional y la realidad provincial. «Argentina sigue siendo un actor importante gracias al Alto Valle, representando entre el 12% y el 15% del mercado mundial de peras y manzanas. Somos un país con peso específico en el sector, pero nosotros en Mendoza no supimos capitalizar nuestras ventajas competitivas para mantenernos en esa carrera», opinó.

Costos e impuestos: la asfixia del sector
El incremento de las tarifas energéticas y los combustibles, sumado a una carga impositiva que no da tregua, se presenta como el principal obstáculo para cualquier intento de reconversión. «El componente impositivo en servicios como la luz o el combustible supera el 40% entre tasas nacionales, provinciales y municipales. Es absolutamente inviable. Una factura de luz no solo tiene IVA, tiene Ingresos Brutos, tasas del EPRE e impuestos municipales; cuando aumenta la tarifa, aumenta la base y el Estado recauda más por el simple aumento de la alícuota», comentó el entrevistado.
«Le hemos pedido al gobierno nacional y provincial que, si no van a eliminar los impuestos, al menos bajen las alícuotas. El productor quiere invertir en tecnología, pero se encuentra con este escollo y la falta de financiamiento acorde», señaló.
El reclamo de una reforma política
Para el titular de la CIAT, el esfuerzo por sanear la economía no puede recaer únicamente sobre las espaldas del sector privado, sino que debe ir acompañado de gestos contundentes por parte de la dirigencia pública.
Por ello, desde la entidad advirtieron sobre una marcada falta de ejemplo por parte de la clase dirigente en comparación con los sacrificios que realiza el sector productivo. «La producción puede reestructurarse, achicarse o reconvertirse para sobrevivir, pero lo que no estamos viendo es la reforma política. Le hemos planteado al gobierno la necesidad de dar el ejemplo; todos coincidimos en que la situación del país es delicada, pero ese sector sigue gozando de privilegios mientras el productor está asfixiado», disparó Carlos Dávila.
Por ende, la mencionada demanda se plantea como una urgencia pendiente que todavía no encuentra lugar en la agenda legislativa o ejecutiva. «Nunca se habla seriamente de una reestructuración política acorde a cómo está nuestra economía real. Es un tema que siempre queda postergado, mientras el campo sigue perdiendo rentabilidad día tras día. Creemos que la reforma del Estado debe ser uno de los factores a llevar adelante si realmente queremos normalizar el país», destacó el dirigente.
Hacia una redefinición de la agricultura mendocina
Finalmente, Dávila insistió en que el diagnóstico es compartido, pero la lentitud en la implementación de medidas urgentes podría sentenciar el futuro de otros cultivos más allá de la manzana. «Es necesario que el sector público y privado redefinan hacia dónde va la agricultura de Mendoza. Lo que le pasó a la manzana le está pasando a la vitivinicultura, que tiene problemas globales pero también domésticos serios. La pérdida de rentabilidad está afectando a la vid, al durazno para industria y al ajo», advirtió.
«Necesitamos que Cancillería trabaje para no perder la fortaleza en Brasil. El gobierno nacional debe reconocer lo que significan las economías regionales como generadoras de mano de obra antes de que sea demasiado tarde», concluyó el presidente de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán.






