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Juventudes desiguales, entre la promesa y la exclusión: radiografía de la UCA sobre las condiciones socioeconómicas y emocionales de los jóvenes

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La Universidad Católica Argentina (UCA), a través del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), presentó el estudio “Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión”, una radiografía integral sobre las condiciones socioeconómicas, laborales y emocionales de los jóvenes de 18 a 25 años en el país. En diálogo con FM Vos (94.5), Eduardo Donza, sociólogo, especialista en empleo e investigador de la UCA, analizó los alarmantes indicadores que revela el documento. El informe expone la fractura definitiva de la histórica movilidad social ascendente, la persistencia de la herencia de la precariedad laboral intergeneracional y el impacto del malestar psicológico que afecta al 21% de esta población. Frente a este escenario, Donza remarcó la necesidad imperiosa de acordar políticas de Estado consensuadas que reactiven la producción, protejan las economías regionales y eviten la estigmatización de la juventud.

La radiografía del empleo y la inactividad: el peso de la brecha socioeconómica

El informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina desagrega la realidad de la franja etaria que va de los 18 a los 25 años. A nivel general, el 20,7% de estos jóvenes no cursa estudios ni inserta su fuerza de trabajo en el mercado laboral formal o informal. Sin embargo, al segmentar este indicador según el estrato socioeconómico, la brecha estructural se amplía drásticamente: la inactividad afecta a uno de cada tres jóvenes de los sectores más vulnerables, mientras que en los sectores de mayores ingresos representa una porción minoritaria. «El informe recorre la situación de los jóvenes de 18 a 25 años desde varios puntos de vista para tener una visión integral. El grupo de quienes no estudian ni trabajan representa el 20,7% a nivel general, pero hay diferencias muy grandes según el nivel socioeconómico: el indicador aumenta al 34% en los estratos más bajos —uno de cada tres jóvenes—, mientras que es de solo el 8% en el nivel medio-alto», precisó Eduardo Donza al inicio del reportaje.

«Esto está indicando que gran parte de estos jóvenes del estrato más bajo que no están activos laboralmente —en su mayoría mujeres— son las responsables de las tareas del hogar o de los cuidados, ya sea porque tuvieron una maternidad joven, o porque cuidan a un hermano menor, a un adulto mayor o a una persona con discapacidad«, añadió.

«Complementariamente, hay un 26% de jóvenes —uno de cada cuatro— que solo estudia, mientras que un 22% trabaja de forma regular y no cursa estudios. El resto combina el estudio con empleos de diversa calidad. Sin embargo, hay que tener en cuenta las severas limitaciones que enfrentan para acceder a un trabajo de calidad, una particularidad del mercado laboral juvenil en todo el mundo, pero que se profundiza en nuestro país», remarcó.

Eduardo Donza, sociólogo, especialista en empleo e investigador de la UCA, analizó los alarmantes indicadores que revela el documento

Salud mental y aislamiento: el malestar psicológico y la pérdida de redes afectivas

Un aspecto central y poco habitual en las mediciones del mercado de trabajo tradicionales es la inclusión del bienestar subjetivo y la salud mental. El estudio determinó que más de un quinto de los jóvenes encuestados sufre malestar psicológico manifestado a través de síntomas de ansiedad y depresión. Esta situación se agrava en los contextos socioeconómicos de menor poder adquisitivo, donde la falta de oportunidades se combina con el aislamiento social y la ausencia de redes de contención entre pares. «Algo que a veces no es tan usual asociar con el mercado de trabajo es el malestar psicológico. Esto es muy importante, sobre todo por el impacto que ha tenido la pandemia. Pensemos que son jóvenes de 18 a 25 años que eran adolescentes durante ese período. El 21% expresa malestar psicológico, con síntomas de depresión y ansiedad. También se marca la incidencia según el nivel socioeconómico: es el 15% en los de nivel alto o bajo, pero escala al 28% en los jóvenes de nivel socioeconómico muy bajo«, remarcó.

«Este tema del malestar psicológico es muy preocupante en sí mismo, porque se da en el contexto de noticias que lamentablemente son cada vez más comunes sobre casos de suicidio en adolescentes y jóvenes. Se asocia también con otra cuestión que preguntamos: si tienen amigos con los que puedan conversar ante la necesidad de compartir sus dolencias. El 15% de los jóvenes de nivel socioeconómico más bajo aseguró no tener amigos, lo que representa una desigualdad muy grande respecto del 1% en el nivel medio-alto«, comparó.

«Se genera un círculo donde la falta de estudio y trabajo —sumada al abandono del secundario en los sectores más vulnerables— condiciona la inserción laboral futura. Esto va cerrando a los jóvenes sobre sí mismos, les impide construir redes de amistad y termina desencadenando una situación general de profundo malestar psicológico», advirtió.

Ruptura de la movilidad social ascendente y el fenómeno de la «herencia precaria»

Durante décadas, la sociedad argentina se estructuró sobre la premisa de la movilidad social ascendente, donde cada generación lograba alcanzar mejores condiciones de vida y empleo que la precedente. El estudio del ODSA-UCA demuestra que ese mecanismo integrador se ha roto en el país. En su lugar, opera lo que el sociólogo denomina una «herencia precaria», es decir la reproducción intergeneracional de la informalidad y la exclusión, en la que la calidad del empleo del jefe de hogar condiciona directamente las oportunidades de los hijos. «En el mercado de trabajo existe una alta rotación. Cuando un empleador debe hacer un ajuste en la plantilla, el primero al que le piden que se retire es al último que entró, buscando proteger a quienes tienen familia a cargo. Si el joven no tiene cargas de familia, suele ser el elegido. Pero hay otra cuestión central que denominamos ‘la herencia’«, expuso.

«La palabra herencia parecería referirse de modo positivo a un patrimonio que se recibe, pero en este caso se transmite la precariedad: lo que vemos muy marcadamente es que cuando el jefe o la jefa de hogar tienen un empleo precario, mayoritariamente los hijos también terminan teniendo esta clase de empleo«, contó.

«Los argentinos teníamos una idea muy arraigada durante décadas de la movilidad social ascendente: la convicción de que, por estar en una sociedad que avanza, los hijos iban a estar mejor que los padres y los padres mejor que los abuelos. Eso fue lo que gestó la gran clase media argentina, sobre todo en familias de origen inmigrante donde los abuelos llegaban en barco, a veces sin hablar el idioma, y a través del trabajo sus hijos estudiaban e iban volcando ese ascenso social a la siguiente generación. Eso es lamentablemente lo que se nos ha roto en la Argentina«, coincidió.

«Hay que ser muy conscientes de que no se trata de responsabilizar al joven diciendo que no terminó la secundaria. Lo que se perdió en la Argentina es el aumento de la producción. Por eso apuntamos a que deben existir políticas de Estado consensuadas con los sectores de la producción y el trabajo que apunten al crecimiento productivo. Si no se generan los puestos de trabajo ni están los vientos propicios para crearlos, vamos a tener una población más educada pero que no va a poder aplicar a las actividades que se ofrecen. Ante la falta de empleo, algunos jóvenes y adultos lo único que pueden hacer es inventarse un trabajo: cartonear, buscar algo para vender en una feria o revender productos para subsistir«, expresó.

Estructura productiva, brechas de capacitación y retroceso regional

Consultado sobre la paradoja de industrias que no logran cubrir vacantes capacitadas a pesar del desempleo juvenil, Donza explicó que la desaparición de la figura del aprendiz y el quiebre de los trayectos laborales estables dentro de las fábricas respondieron al fin del modelo fordista y al aumento de la informalidad estructural. Asimismo, al comparar a la Argentina con el resto de América Latina, el especialista remarcó que, mientras los países vecinos lograron capitalizar las últimas décadas para expandir sus sectores medios, Argentina consolidó un piso de pobreza de ingresos que no baja del 25% desde la crisis del 2001. «Se ha roto la dinámica donde el joven entraba de aprendiz a una fábrica y hacía toda una carrera. Esta idea de un mercado de trabajo fordista, con pleno empleo y personas que continuaban toda su vida en la misma empresa con un empleo protegido, la perdimos hace muchas décadas. Esto no es una cuestión coyuntural; es una falla estructural que arrastramos desde hace tiempo. Con respecto a la calidad de vida, medida por ingresos, desde la crisis del 2001 en la Argentina la pobreza nunca bajó del 25% —uno de cada cuatro habitantes—, a pesar de que hubo períodos con un crecimiento del producto muy elevado y fuerte generación de empleo«, analizó el experto.

«En líneas generales, Argentina era un país que estaba bien y comenzó a tener un derrotero complejo en su mercado de trabajo y en la calidad de vida de su población. Nuestra tendencia ha sido el descenso. En cambio, muchos países de América Latina aprovecharon muy bien la primera parte de la década del 2000 y muestran una tendencia contraria de mejora marcada respecto de los años 90«, examinó.

«Casos como Brasil, con la extensión de sus sectores medios; Chile; Paraguay o Perú —con todas sus particularidades— muestran sociedades que van avanzando. Lamentablemente, Argentina, que estaba en una situación muy ventajosa respecto del resto de la región, hoy se encuentra en una posición peor. Esto demuestra que ningún gobierno del 2001 en adelante ha podido estabilizar el crecimiento de forma definitiva ni sentar bases sólidas y constantes que lleguen a toda la sociedad«, agregó.

«Un aspecto fundamental que debemos atender en la Argentina es el fortalecimiento de las economías regionales. Necesitamos estructuras sólidas, protegidas ante vaivenes cambiarios o barreras arancelarias externas, respaldadas por estudios serios y esquemas de apoyo. Es precisamente lo que no hemos logrado: consensuar políticas de Estado de producción que se sostengan en el tiempo, independientemente del color político de turno», enfatizó Donza al cierre de la comunicación.

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