El escenario geopolítico internacional registró un giro de enorme magnitud tras el entendimiento alcanzado entre los gobiernos de Estados Unidos e Irán al cierre de la cumbre del G7 en Francia. El principio de acuerdo, rubricado inicialmente por el presidente Donald Trump en el Palacio de Versalles y con previsión de firma formal en Suiza, busca poner freno a una escalada bélica en Medio Oriente que amenazaba el suministro energético global. Sin embargo, detrás de los anuncios oficiales persisten severas dudas sobre la sostenibilidad del pacto a largo plazo.
Augusto Grilli Fox, reconocido periodista y analista de política internacional, desarmó las cláusulas del documento, evaluó el impacto inmediato en el precio internacional del petróleo y advirtió sobre la profunda tensión política entre la Casa Blanca y el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu, cuyo margen de acción militar en el sur del Líbano podría actuar como un factor de sabotaje para el proceso de paz.
Las condiciones de un pacto que funciona como tregua prolongada
Las características del entendimiento alcanzado distan de conformar un tratado de paz definitivo, respondiendo más bien a una pausa operativa de largo alcance motivada por las urgencias del precio del petróleo. Las cláusulas inmediatas apuntan a destrabar el flujo comercial en las vías marítimas más calientes del planeta. «Claramente las características de este acuerdo hacen más a una tregua larga que a un acuerdo en sí, propiamente por esto: porque lo que se ha conseguido es avanzar sobre puntos en común que permiten poder tomar medidas inmediatas para empezar a reconstruir la relación entre ambos actores. Lo que planteamos con esto es justamente un entendimiento sobre puntos comunes que permiten el levantamiento de medidas y empezar a generar nuevas condiciones para ir normalizando en lo inmediato lo que es la circulación normal en el Estrecho de Ormuz. Esto implica el levantamiento de minas tanto por parte de Estados Unidos como por Irán y la circulación sin cobro de peajes para ninguno de los actores que vaya a querer intervenir por la zona», indicó Augusto Grilli Fox en diálogo con FM Vos 94.5.
«Aquí es donde uno también empieza a analizar cuál ha sido el acuerdo y cuál es el triunfo, entre comillas, por parte de Donald Trump, dado que justamente se levantan medidas que ni siquiera existían previamente en el conflicto, como el cierre y el cobro de esos peajes», coincidió.

Costos elevados y la revalorización del esquema multilateral previo
La premura de la Casa Blanca por desactivar el conflicto militar que desencadenó en un plazo de dos meses dejó al descubierto marcadas disidencias dentro del propia ala de defensa norteamericana, contrastando con los procesos de negociación de administraciones anteriores. «De hecho, esto termina revalorizando el acuerdo que generó en su momento Barack Obama en el año 2016, que potenciaba a todos los actores globales con capacidad de producción nuclear y que justamente permitía establecer un control permanente del órgano dependiente en materia nuclear de la ONU para constatar cuál era el desarrollo, y en el cual estaban por dentro China y Rusia; un diseño que le había llevado dos años a la gestión Obama poder terminar de delimitar. Ahora Donald Trump pretende en dos meses cerrar y terminar de desintegrar este acuerdo, en el cual yo entiendo que los costos son muy elevados para una guerra en la cual Estados Unidos accede y queda muy expuesta», analizó el especialista.
«Esto se dio principalmente por dos motivos. La salida de varios actores asesores en materia de defensa que le plantearon a Trump que el riesgo nuclear que representaba Irán no era tan elevado, y por otro lado el informe del propio Barack Obama que hace un mes hizo referencia a que son muy similares los informes que él había recibido en su momento en cuanto al riesgo nuclear por parte de Benjamín Netanyahu», agregó.
Netanyahu, primer ministro de Israel, tiene un pedido de captura internacional de Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad en la Franja de Gaza contra palestinos.
El calendario electoral y deportivo como condicionante de Washington
Las decisiones de política exterior norteamericana no se mantuvieron ajenas a la agenda doméstica, donde la inminencia de los comicios legislativos y presidenciales, sumada a eventos globales de gran envergadura, aceleraron la necesidad de una salida diplomática al conflicto que inició EE.UU e Israel. «Considero que las elecciones del 3 de noviembre serán determinantes para definir el costo político que pagará Donald Trump por esta intervención, sobre todo porque se había comprometido en campaña a no abrir nuevos frentes de guerra. Cuando inicialmente planteó las acciones militares, habló de una operación corta; creo que en ningún escenario se imaginó llegar al inicio del Mundial de Fútbol con su país todavía en conflicto, lo que terminó generando una complicación muy seria con los plazos previstos», opinó Grilli Fox.
«El panorama político posterior al Mundial abrirá un proceso electoral que resultará decisivo, no solo para la gestión de Donald Trump, sino para el rumbo institucional de los Estados Unidos. Dependiendo del balance que dejen los resultados, el mandatario podría quedar expuesto a un escenario de máxima debilidad e incluso a un posible impeachment si los números le son muy desfavorables. Por el contrario, si obtiene un respaldo aceptable, restará ver cómo logra ordenar la interna y contener las ambiciones de los propios dirigentes republicanos, quienes inevitablemente comenzarán a disputar el liderazgo sabiendo que Trump ya no cuenta con la posibilidad constitucional de ir por una reelección», agregó.
El frente interno de Netanyahu y el dilema de la autonomía militar
La contraparte de la alianza norteamericana muestra a un primer ministro israelí profundamente debilitado, atrapado entre las demandas de los sectores más radicalizados de su coalición de gobierno y las presiones legales de los tribunales internacionales. «Netanyahu tiene dos frentes abiertos. Uno es el exterior, donde en este marco también enfrenta un pedido de detención por la Corte Penal Internacional y un pedido también por la Justicia de Roma en relación con la figura de dos voluntarios en materia humanitaria. Internamente se encuentra con una ciudadanía absolutamente dividida, pero además él es una figura que tenía procesamientos previos en materia legal los cuales no están resueltos y tampoco ha conseguido que el presidente Herzog lo exonere de responsabilidades», remarcó el analista.
«A pesar de que Netanyahu conserva niveles aceptables de intención de voto y mantiene chances de consolidar su poder, la presión es doble: los sectores más duros de su alianza le exigen una mayor independencia frente a las directivas de Washington, mientras Donald Trump le recuerda que la Casa Blanca se involucró en esta guerra basándose en los propios informes de inteligencia provistos por el Estado de Israel», amplió.
La amenaza del Estrecho de Ormuz como freno al sabotaje
La viabilidad del acuerdo de paz depende del cese efectivo de las hostilidades de Israel en el sur del Líbano. No obstante, el analista advirtió que la asimetría de objetivos entre las potencias occidentales y Tel Aviv deja abierta la posibilidad de acciones militares que hagan caer el tratado. «La posición de Israel condiciona fuertemente el éxito del pacto debido a su disconformidad, especialmente por el escenario en el Líbano, que sigue sin resolverse. La estabilidad a largo plazo y la posibilidad de avanzar hacia un acuerdo en materia nuclear dependerán directamente de las acciones que adopte el gobierno de Benjamín Netanyahu en el sur del Líbano. Aunque Israel debería replegarse en cumplimiento de los compromisos asumidos con Estados Unidos, si no lo hace, el acuerdo perderá todo sustento y podrían restablecerse de inmediato las medidas de fuerza anteriores», observó el periodista.
«Es fundamental comprender que Irán consolidó una herramienta estratégica inédita y de alto impacto: la capacidad de bloquear de forma inmediata el Estrecho de Ormuz, una medida con el potencial de desestabilizar instantáneamente los precios mundiales del gas y del petróleo. Si Israel opta por mantener su ofensiva en el Líbano desconociendo los términos del pacto, podría provocar el colapso definitivo de todo lo firmado. Un ejemplo muy claro de esta desconexión ocurrió hace un mes, cuando apenas se vislumbraba un principio de entendimiento, la respuesta de Tel Aviv fue un bombardeo masivo de diez minutos sobre el sur del Líbano; esto demuestra que las prioridades estratégicas de Estados Unidos no coinciden con las del gobierno israelí», destacó.
Alivio en el mercado de los combustibles y el histórico sesgo argentino
El impacto más palpable del cese de hostilidades se trasladó de forma inmediata a las pizarras de los mercados energéticos, descompresión que el analista evalúa con cautela respecto a su correlato en la economía de nuestro país. «El impacto económico directo de este entendimiento se reflejó de inmediato en una sensible retracción de los mercados energéticos, donde el barril de crudo de Texas cayó un 3,4% para ubicarse en las últimas horas en los 74,18 dólares, mientras que el Brent del Mar del Norte retrocedió un 3,02% hasta los 77,15 dólares, quebrando por primera vez la barrera psicológica de los 80 dólares. Esta tendencia a la baja viene a descomprimir la cotización de los combustibles en los surtidores, de manera muy especial en los Estados Unidos, resolviendo así una de las principales variables inflacionarias que venían golpeando con dureza el frente político de Donald Trump», comentó.
«Los valores del crudo habían rozado los 130 dólares por barril, por lo que este retroceso moderará las proyecciones de una inflación global muy acentuada. El petróleo tiene la particularidad de que su costo se traslada de inmediato a los combustibles, y esto impacta en cadena sobre sectores clave como alimentos y textiles, generando un proceso inflacionario generalizado. Resta evaluar si esta tendencia se consolida o si, por primera vez, asistimos a variables que logren retrotraer de manera efectiva el valor de las naftas. En nuestro país conocemos muy bien ese axioma histórico de que cuando el crudo sube, los combustibles aumentan, pero cuando baja, los precios en los surtidores nunca retroceden. Me entusiasmaría ver que esta vez sí se registre una baja real en Argentina; sería un fenómeno inédito en nuestra economía y resultaría sumamente auspicioso», concluyó.






