La acelerada digitalización de la infancia y el acceso precoz a dispositivos con conectividad ilimitada han desencadenado una crisis silenciosa que impacta directo en el desarrollo socioemocional de los jóvenes. El auge de las casas de apuestas deportivas, la exposición al ciberbullying, el consumo compulsivo de redes sociales y el uso no regulado de billeteras virtuales representan hoy severos factores de riesgo para un cerebro adolescente que, por su propia maduración biológica, resulta altamente vulnerable a la búsqueda de recompensa inmediata. Ante la ausencia de un monitoreo parental efectivo y la falta de políticas públicas sistemáticas de prevención, la comunidad científica advierte sobre las secuelas cognitivas, físicas y sociales de esta exposición temprana.
El doctor Santiago Resett, reconocido psicólogo, académico e investigador del CONICET especializado en problemáticas digitales, analizó las causas de la ludopatía juvenil, cuestionó la pasividad institucional ante el uso de celulares en las aulas y exigió un diagnóstico nacional urgente.
La paradoja del cuidado: seguridad en la calle y desprotección en la pantalla
Los adultos suelen extremar la vigilancia sobre los peligros del entorno físico, pero minimizan los riesgos de las plataformas digitales, permitiendo el ingreso temprano a dinámicas altamente adictivas. «Lamentablemente, muchas problemáticas online se han incrementado en el último tiempo debido al acceso masivo a internet y a los celulares. Estudios recientes indican que el 60% de los niños a los 9 años ya tiene un dispositivo propio. Todo esto, sumado a la falta de monitoreo por parte de los adultos y la conexión las 24 horas, impulsó el aumento de las apuestas online, los retos virales y el ciberbullying. La pandemia aceleró la digitalización de actividades escolares y laborales, haciendo que los padres perdieran el control sobre la vida virtual de sus hijos. Las apuestas están prohibidas para menores de 18 años, pero mientras en un casino físico existe un estricto control de acceso, en el entorno digital el ingreso precoz y sin regulación anula cualquier barrera», alertó Santiago Resett de entrada.
«Existe una paradoja en la crianza actual. Los padres y madres están hipervigilantes respecto a lo que ocurre en la calle, temen los robos o el contacto con desconocidos, pero minimizan por completo los riesgos del mundo virtual. Están tranquilos porque el hijo está dentro de la casa, pero desconocen el peligro de las apuestas online, que son profundamente adictivas. El cerebro adolescente está en pleno desarrollo; las funciones ejecutivas que permiten evaluar riesgos y frenar impulsos no se terminan de consolidar sino hasta los 25 años. A esto se le suma la presión de pares, el temor a quedar fuera del grupo y el uso sin control de billeteras virtuales, configurando una adicción que crece día a día», prosiguió exponiendo.

El celular en el aula: distractor cognitivo y la urgencia de límites firmes
La ciencia demuestra que la simple presencia del smartphone en el ámbito escolar interfiere con los procesos de atención, la motricidad y la alfabetización básica. «Hay un problema cultural de fondo en la dificultad de los adultos para establecer normas y límites firmes. El celular con internet dentro del aula es el distractor más grande que puede tener un menor de edad. Muchas escuelas en Europa, Australia y varias provincias argentinas ya comprendieron que el teléfono debe estar prohibido durante la jornada escolar o bien guardado en un locker, utilizándolo únicamente cuando el docente lo autorice de forma explícita para un fin pedagógico. Está sumamente demostrado que cuando se retira el celular del aula aumenta la atención, mejora el rendimiento y disminuyen los problemas emocionales», sostuvo el doctor Resett.
«No se trata de estar en contra de la tecnología, sino de promover un uso consciente y responsable. La exposición temprana a pantallas está generando problemas graves de vocabulario, sedentarismo e incluso la pérdida de la motricidad fina vinculada a la caligrafía y habilidades físicas básicas para correr o saltar. Hoy los adultos reaccionamos con alarma ante el consumo de alcohol o cigarrillos a los 12 años, pero estamos ciegos frente al consumo compulsivo de redes sociales y apuestas. No estamos tomando verdadera dimensión del daño cognitivo, físico y social que esta exposición temprana provoca en las nuevas generaciones», advirtió en medio del diálogo que mantuvo con FM Vos 94.5.
La necesidad de un diagnóstico nacional y el peso de los intereses comerciales
Según la visión del experto, para frenar el avance de la ludopatía juvenil se requiere voluntad política para implementar verificaciones biométricas reales y abordar la prevención sin temor al costo social. «El primer gran obstáculo que tenemos en la Argentina es la falta de un diagnóstico nacional sistemático. No sabemos con precisión a qué edad exacta empiezan a apostar los chicos en cada provincia o cuáles son los sectores más vulnerables. Vamos siempre ‘apagando incendios’ cuando salta un caso mediático de ciberbullying o ciberapuestas, en lugar de trabajar en prevención primaria. Para diseñar un tratamiento eficaz, lo primero que necesita un médico es un buen diagnóstico, y a nivel estatal ni siquiera tenemos evaluada la magnitud de esta problemática», argumentó.
«Existe también un negocio millonario detrás de las apuestas deportivas que dificulta la adopción de medidas drásticas. La verificación de edad en estas plataformas es sumamente laxa; mientras cualquier aplicación bancaria exige una comprobación biométrica facial, los sitios de apuestas se conforman con que un menor tilde una casilla afirmando que es mayor de edad», comparó.
«A esto se le suma la resistencia de muchos padres a tomar medidas antipáticas o a decirles que ‘no’ a sus hijos por temor al rechazo social. Necesitamos firmes decisiones políticas e institucionales, capacitación a las familias y el coraje de reestructurar la escuela para proteger la salud mental de los adolescentes», opinó al cierre de la comunicación.



