Bien se podría catalogar a la Argentina como un país “F5”. En los teclados de las computadoras, pulsando esa tecla se obtiene un “refresh”, una actualización instantánea de los datos disponibles. Nuestro país se ha caracterizado, durante casi todo su recorrido histórico, por ser un lugar donde sus habitantes se levantan –nos levantamos- cada mañana sin saber qué ocurrirá durante el resto de la jornada y, por ello, la necesidad de estar todo el tiempo actualizando los datos a fin de saber la cotización del dólar, cuánto aumentan los precios, qué medidas toma el gobierno, cómo reacciona la oposición, etc. Los argentinos vivimos así, a pleno tecleo de la F5, utilicemos computadoras o no.
Esa necesidad vital de mantenernos actualizados e, incluso, la pretensión de vislumbrar el futuro con esos datos choca de frente con otra característica propia de nuestro ADN: repetir recetas y errores del pasado, casi de manera patológica.
La teoría enarbolada por muchos –sobre todo por aquellos que pretenden valerse de ella interesadamente- de que “la historia es cíclica” no resulta aplicable a todas las sociedades. De hecho, el devenir histórico de las comunidades más desarrolladas del mundo es más bien evolutivo que repetitivo. En este sentido, los argentinos sí contamos con antecedentes cíclicos pero, a la vista está, con poco contenido evolutivo. La economía nacional, con sus crisis y sus periódicas recidivas, es un claro ejemplo de la lógica “un paso adelante y dos para atrás”. Evolución no es un sinónimo de economía por estos lares. Y lo mismo sucede con mucho del resto que integra nuestra sociedad.
“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. La cita se le atribuye frecuentemente a Albert Einstein aunque también ha sido endilgada a Mark Twain, a Benjamin Franklin y a la escritora Rita Mae Brown. ¿Será éste el momento de aprender esa lección y, finalmente, evolucionar? Y es que, como reza otro dicho popular, tropezar no es malo, encariñarse con la piedra sí.




