En los escasos 43 días que lleva el 2022 y teniendo en cuenta únicamente los incendios que afectan a la provincia de Corrientes, la Argentina ya duplicó la cifra de hectáreas arrasadas por las llamas que se habían registrado en todo 2021. El alarmante dato no hace más que volver a poner de relieve la dimensión del daño ocasionado por el cambio climático, con las prolongadas sequías y la mano irresponsable del hombre, que suele ser el principal responsable de los focos ígneos que se devoran constantemente enormes porciones de bosques y pastizales nativos que cumplen un rol fundamental para la biodiversidad.
Según la información recopilada por el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, hasta el 27 de enero se contabilizaba un total de 162.425 hectáreas arrasadas por las llamas. De acuerdo a las estimaciones, realizada por expertos de la estación Corrientes del INTA, la provincia litoraleña perdió 519 mil hectáreas por los incendios, es decir casi el 4% de su territorio: el 58% de las áreas afectadas son humedales como esteros, bañados, malezales y vegetación de valles aluviales; el 35% fueron pastizales; y el resto, 7%, bosques, tanto nativos como cultivados.







